Usurpadores de la historia


Entendiendo en primer lugar el acto de usurpar como el «apoderamiento de una propiedad o un derecho que legí­timamente pertenece a otro» a lo que se suma: «por lo general con violencia»; y en segundo que la historia forma parte de un derecho público, que emana del Estado (público en su esencia) que está destinado a regular las relaciones de las personas en un marco social; podemos aseverar que los «usurpadores de historia» no son una metáfora.

Gerson Ortiz
lahora@lahora.com.gt

Tanto los jóvenes como cualquier hombre y mujer en el paí­s y en el mundo, sin importar ninguna condición, tenemos derecho a conocer la historia desde un punto de vista responsable y coherente.

El sistema educativo actual, monopolizado por las instituciones privadas de educación a las que sólo las minorí­as tienen acceso, plantea el conocimiento parcializado de la historia, obviamente acorde a la ideologí­a de los establecimientos educativos, que son escasamente regulados por el Estado.

Quizá poco han meditado los enseñadores de la historia que la instrucción de esta partida por la mitad: donde un lado es «oscuro» y el otro «iluminado» (sin que ello esté explicado de forma razonable), genera vací­os desde intelectuales hasta existenciales en toda la sociedad.

En el Museo de Historia Nacional, por ejemplo, una gran cantidad de detalles (por así­ llamarlos) muestran el desarrollo de la historia polí­tica de Guatemala durante el perí­odo liberal (por citar alguno), sin embargo, en el caso de la pieza donde se «explica», el perí­odo de los diez años de primavera (1944-1954), no es más que un cuarto con unas fotografí­as y algunas notas impresas sobre mantas viní­licas. La anterior analogí­a pone de manifiesto la intención de minimizar ciertos acontecimientos históricos, como la Revolución de Octubre de 1944 a partir de la cual hubo una serie de avances a nivel social (poco mencionados también), cuyo eco en los visitantes es mí­nimo.

Como parte de un derecho comunitario, pero también como una necesidad social se hace necesario reflexionar sobre la responsabilidad que se tiene con las nuevas generaciones respecto a ese conocimiento: tenemos derecho a saber que democracia no es sólo ir a votar cada cuatro años, que la renuncia de Castro al poder en Cuba es un acto digno de un hombre que defiende la vida y no de un dictador como lo han tildado, que en el paí­s hubo genocidio y que la justicia se niega a juzgarlos. A saber que la verdad va hacernos libres.

Las y los diputados, presidentes, ministros, magistrados, periodistas, maestros y todos aquellos guatemaltecos y guatemaltecas que desempeñamos una función vinculada o no con lo social tenemos la obligación de velar por que todos tengan acceso a la historia, como un derecho público; pero sobre todo de no irnos convirtiendo en usurpadores de la historia.