El 21 de julio se inició en Ginebra, por 152 países, las reuniones de la Organización Mundial del Comercio, OMC. La Ronda de Doha pactada en el 2001 debía finalizar en el 2004; sin embargo, los países que integran la OMC no lograron ponerse de acuerdo y por ello, las discusiones han continuado hasta el presente.
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Estados Unidos pretende convencer a los países en vías de desarrollo, a la totalidad de América Latina, que deben darse por satisfechos si ellos reducen de US$17 mil millones a US$15 mil millones los subsidios anuales que destinan a su producción agrícola, argumentando que su oferta es adecuada cuando lo único que propone reducir es el techo de los subsidios. En la realidad, Estados Unidos ha utilizado US$ 7 mil millones promedio de subsidio en los últimos diez años. Por tanto, su propuesta no tendría efectos reales.
En otras palabras, tratan de darnos «atole con el dedo», pretenden, a cambio, como también lo hace Europa, que nuestros países en vías de desarrollo abramos nuestros mercados a sus exportaciones industriales, manteniendo siempre balanzas de pago favorables en el intercambio de importaciones y exportaciones, no les preocupa que con ello fomentan la pobreza, la extrema pobreza de la mayoría de los latinoamericanos y como consecuencia obligan a millones de millones de mujeres, hombres y adolescentes a inmigrar para convertirse en mano de obra barata e ilegal en sus países.
El grupo de Cairns y el G20, donde se encuentran representados los países de América Latina, liderados por Brasil, durante los varios días de conversaciones en Ginebra, manifestaron que la oferta de los Estados Unidos sobre los subsidios es totalmente inadecuada, sin relación con los precios actuales de los productos alimenticios e ignoran las pretensiones y los reclamos de los países en vías de desarrollo. Es incomprensible e injustificable que los Estados Unidos, teniendo un elevadísimo déficit presupuestario, mantenga esas asimetrías y no acepte que nuestros países se miran sumamente perjudicados por ellos que a pesar de la mecanización de su agricultura, mejor topografía en sus campos y mayores extensiones de cultivos, insistan en esos enormes subsidios.
No podemos hablar de libre comercio, interna o externamente, cuando existen privilegios, cuando existen subsidios, cuando existen exoneraciones. En Estados Unidos y Europa se tiene un elevadísimo ingreso per cápita, buscan reducir la inmigración de la que ellos gozaron y se beneficiaron en los siglos anteriores, no reconocen que muchos de los descendientes de sus inmigrantes son los dueños de la mayor parte de la riqueza en América Latina, pretenden que con el argumento de la ampliación de mercados y la libertad empresarial se continúe manteniendo en la pobreza a dos terceras partes de los habitantes latinoamericanos, centroamericanos y guatemaltecos.
El gobierno de Guatemala no debe de flaquear en la OMC, la Cámara del Agro debería de expresarse en campos pagados, criticar, impugnar y manifestarse ante la Embajada de los Estados Unidos y las de Europa para que los subsidios agrícolas se reduzcan y la libertad de exportación del café, banano, azúcar y demás productos agrícolas no tengan cuotas, impuestos, barreras o limitaciones.