URSS: Paraí­so para traficantes de armas


Foto de archivos de una venta de armas. Según aseguran las investigaciones, las antiguas redes de la Unión Soviética sirven para que se facilite el tránsito de armas.

Fábricas de armas en la Transnistria separatista, polí­gonos de tiro en Kirguistán… Tras la disolución de la URSS en 1991, las ex repúblicas soviéticas abrieron sus reservas de armas a traficantes como el legendario «mercader de la muerte» el ruso Viktor Bout.


Bout, detenido el jueves en Bangkok al término de una operación efectuada por agentes estadounidenses y policí­as tailandeses, es considerado como el jefe de una red mundial de tráfico de armas erigida sobre las ruinas de la Guerra Frí­a.

Acusado de haber violado varios embargos de Naciones Unidas, Viktor Bout es sospechoso de haber entregado armas a la guerrilla colombiana, a los rebeldes congoleses e incluso a la red fundamentalista islámica Al- Qaeda en Afganistán hasta la ví­spera de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos.

Sus aviones de carga fueron vistos en pistas de ífrica, Afganistán, Iberoamérica y varios paí­ses de la ex Unión Soviética.

Varios informes de la ONU han presentan a Bout como pionero de la mundialización mafiosa, del tráfico sin fronteras, que ignora a los Estados y sus legislaciones.

«Es una red bien organizada. Trabajaba de manera muy eficaz y entregaba armas como quien entrega pizzas, rápido y sin burocracia», señala el analista militar ruso Pavel Felgenghauer.

Queda por ver cuál será la reacción de Moscú a la detención de Bout, que entraba y salí­a libremente de Rusia.

En opinión del analista ruso Vladimir Pribilovski, Moscú puede pedir su extradición para impedir que divulgue secretos militares a Estados Unidos, que ya hizo una petición en este sentido.

Bout se especializó en las entregas, más que en la venta de armas, y las hací­a llegar a sus clientes en el lugar y en el momento en que éstos querí­an, con un mí­nimo de formalidades, explica Felgenghauer.

Según el diario The Washington Post, en los años 90 Bout estuvo también implicado en actividades dignas de una pelí­cula de acción, como el intento de vender un submarino, helicópteros y misiles tierra-aire a narcotraficantes colombianos.

Tampoco Estados Unidos evitó la tentación de sacar provecho del caos postsoviético. En 2000, agentes rusos detuvieron a un ex oficial de los servicios de espionaje de la marina estadounidense, Edmond Pope, al que acusaron de haber obtenido información secreta sobre un torpedo ruso de última generación.

Condenado a 20 años de prisión por espionaje, Pope, que según la prensa estadounidense tení­a también la intención de comprar el torpedo en un polí­gono militar en Kirguistán, fue indultado por el presidente ruso.

Desde la llegada de Vladimir Putin al poder en 2000, el gobierno ruso endureció el control sobre las ventas de armas, señala otro analista militar, Alexandre Golts.

Además de Rusia, otros paí­ses de la ex Unión Soviética participan de este tráfico, añade, recordando el contrabando desde Ucrania de misiles de crucero a Irán y a China en 2000 y 2001.

Según Felgenghauer, otra fuente de preocupación para Occidente es Moldavia, con su territorio separatista prorruso de Transnistria, donde hay reservas de armas soviéticas así­ como fábricas que siguen produciendo repuestos para la industria militar rusa.

«Algunos componentes puede entrar en el mercado negro», afirma.

Según Eric Berman, experto del centro Small Arms Survey, con base en Ginebra, paí­ses como Ucrania se esfuerzan ahora por vigilar mejor sus depósitos de armas, pero subsiste una falta de transparencia en materia de venta de armas en todo el mundo y «no sólo en los paí­ses de la ex URSS y del Pacto de Varsovia».