El irrespeto a la ley y al derecho ajeno parecen ser la norma para conducir en nuestro complejo sistema de tránsito que es un reflejo fiel de la forma en que se ha ido anarquizando la sociedad. Si usted tiene la mala suerte de vivir cerca de donde funciona algún colegio, seguramente ha tenido que soportar la insolencia de quienes llegan a recoger a sus hijos y pretenden pararse en la misma puerta del establecimiento aunque para hacerlo interrumpan el tránsito afectando a cientos de personas. No es raro ver ese espectáculo agravado por la presencia de los famosos guaruras que se toman como símbolo de «status» y que rápidamente se llevan la mano a la cintura cuando otro automovilista les toca la bocina para reclamar su derecho de vía.
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Uno puede pasarse varios minutos haciendo fila en alguno de los congestionamientos que se forman día a día en los más variados puntos de la ciudad y de pronto nota la presencia de automovilistas abusivos que sin respetar la fila se lanzan a como dé lugar para meterse más adelante poniendo en peligro a los que observaron con paciencia las elementales normas de respeto. Y es tal la situación que al final de cuentas los que manejando sus carros son respetuosos del derecho ajeno, terminan perdiendo porque los abusivos logran meterse por todos lados, haciendo uso de la fuerza.
El problema no es de fácil solución porque requiere de un esfuerzo serio para educar a demasiada gente. No son casos aislados sino que se reproducen por montones. En la décima avenida de la zona 14, donde la Municipalidad habilitó hace buen tiempo un carril para los autos que tienen que cruzar, los pilotos usan ese carril para rebasar a toda velocidad y adelantarse a los «pendejos» que se mantienen en fila aguardando pacientemente a que el flujo vaya avanzando. Damas encopetadas que conducen sus «SUV´s» todavía se dan el lujo de mentarle la madre a quien en ejercicio de su legítimo derecho se resiste a cederles el paso. Por eso digo encopetadas y no elegantes, porque su gesto y actitud arrogante no tiene nada que ver ni con elegancia ni con educación.
Y casos como ese abundan en toda la ciudad y en todo el país. Por eso es que nuestro tráfico se ha vuelto también tan inseguro, no sólo porque esas maniobras al final de cuentas no dejan de ser peligrosas, sino también porque los automovilistas andan crispados por esa confrontación generada por el abuso constante y en una sociedad donde la proliferación de armas de fuego es tan evidente y el oficio de guardaespaldas se ha convertido en la cosa más común del mundo, no es extraño que se produzcan altercados que pueden tener consecuencias trágicas.
Hace un par de días viajaba yo por la séptima avenida de la zona 9 y una camioneta agrícola con placas de MI avanzó a toda velocidad haciendo zigzag. Un motorista de la PMT estuvo a punto de ser arrollado por el alocado conductor y pensé que lo iban a detener, pero el agente se hizo el quite y siguió como si nada, tal vez por la impune inmunidad que dan esas placas.
Viendo el relajo del tránsito y nuestra tendencia a no respetar a nadie ni a obedecer leyes, es lógico que nos preguntemos a dónde vamos como colectivo social. Si el tránsito refleja nuestra actitud cívica, estamos p´al tigre.