Uno de los principios fundamentales en la vida democrática es la renovación periódica, constante y legítima. Por lo que se puede ver en la Universidad de San Carlos, este principio se ha marginado o, en todo caso, se ha corrompido al permitir su legislación, el fomento de actitudes a todas luces aberrantes y antidemocráticas que corroen los cimientos morales de la institución y que la ponen en riesgo de sucumbir ante el oportunismo y mediocridad de los politiqueros que asaltan el poder cada vez que hay elecciones armando sus plataformas de campaña compuestas por colegas aduladores y estudiantes mediocres que, en espera de alguna compensación, no se dan cuenta del papel de tontos útiles que juegan y de la complicidad nefasta, que frente a la historia y a la sociedad, asumen con total irresponsabilidad.
Urge que verdaderos académicos y no los politiqueros de siempre lleguen a los puestos de dirección de nuestra tricentenaria universidad. Que se legisle a favor de la honestidad y la dignidad que sólo la vida dedicada al trabajo, al estudio y a la investigación pueden otorgar. Que las leyes universitarias privilegien las virtudes y no los vicios; que no se permita, por ejemplo, la reelección por más de dos veces o una, si fuera el caso; que se tome muy en cuenta y se reconozca la calidad de la vida académica de los estudiantes y profesores que llegan al Consejo Superior Universitario y a las Juntas Directivas de las distintas facultades, para que de verdad y no sólo de palabra sean honorables.
El estudiantado debe entender que la Autonomía universitaria no significa arbitrariedad y abuso. ¿A cuenta de qué, por ejemplo, tenemos que soportar el asalto diario en los parqueos para pagar una cuota ilegal, abusiva e injusta de cuyo destino jamás se rinde cuenta? Dentro de poco empezarán nuevamente los abusos de la Huelga de Dolores y la intensificación de la campaña política en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, y tendremos días de insoportable ruido proselitista y de intimidaciones diarias. ¿Acaso estudiantes y candidatos no son capaces de idearse formas más originales de celebración y proselitismo que las mismas y gastadas actitudes que sólo demuestran la incomprensión y el irrespeto a la Institución que todos estamos obligados a dignificar con nuestro trabajo y actitudes? El Consejo Superior Universitario está obligado a exigir y promover los cambios que desde hace muchos años anhelamos por el bien de nuestra Alma Mater.