Está claro y comprobado que a la televisión abierta de Guatemala poco o nada le interesa la formación cultural de la ciudadanía. Y es lógico, pues los intereses comerciales generalmente se sobreponen a los intereses culturales, especialmente en los países pobres y tercermundistas en los que predomina un público poco exigente y fácilmente manejable en términos de mercado.
Es imperdonable que frente a nuestra realidad tan precaria en términos educativos no exista una opción real en la televisión abierta (que es la de más cobertura) que permita y viabilice la superación de nuestras condiciones de vida, a partir del enriquecimiento cultural.
No debemos olvidar que a estas alturas, en pleno Siglo XXI, la imagen se ha convertido en el medio más poderoso en la comunicación de masas, capaz de influir hasta en los rincones más profundos de nuestra conciencia y, por supuesto, de nuestros hábitos y formas de comportamiento. La televisión, por lo tanto, debe tener una opción verdaderamente cultural que rescate, fomente y difunda la diversidad y complejidad de nuestra cultura y, por supuesto, la cultura universal.
El concepto predominante y hegemónico ha sido, en las últimas décadas, el concepto de televisión comercial que, como he dicho, no llena ni la más mínima expectativa educativa, pues no pasa, en el mejor de los casos, de sus programas enlatados y de mal gusto, en cuyos apartados pseudo-culturales, sus conductores o animadores, no manifiestan ni la más mínima intención y preocupación por mejorar la calidad a través de su preparación y autoformación, pues llevan años haciendo lo mismo: repitiendo las mismas fórmulas en las entrevistas y repitiendo los mismos errores, hasta en el uso del idioma castellano. De las películas que programan, ni hablar, no hay ningún criterio serio que vislumbre algo más allá de los intereses comerciales, propios de empresas voraces y miopes, cuyo objetivo no sobrepasa los límites mediocres del lucro y del entretenimiento vacuo.
Urge, por lo tanto, un canal verdaderamente cultural que tenga autonomía para manejar y seleccionar con criterio profesional y no político ni comercial, los recursos con que se le dote y la programación con que se enriquezca y enriquezca a los guatemaltecos; pero eso sí, no un canal de televisión al servicio del Congreso de la República, porque esto sería totalmente contraproducente y un recurso totalmente perdido.