Urge revisar las leyes de tránsito


A los problemas de violencia que generan tanta inseguridad en el paí­s hay que sumar la anarquí­a existente en el tránsito que se traduce también en riesgo permanente de muerte para miles de personas. Cierto que la proliferación de Policí­as de Tránsito en distintos municipios del paí­s puede ser conveniente para ordenar un poco el alocado tráfico de vehí­culos, pero no se puede pasar por alto que en un paí­s donde la corrupción es norma, hay algunos sitios en los que se usa a los PMT como verdaderos agentes de extorsión para llevar dinero a las arcas municipales, tal el caso ampliamente denunciado de Mixco.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

Pero es un hecho que no tenemos una normativa de tránsito moderna y adecuada que permita sanciones verdaderamente severas a las infractores y que llegue, como ocurre ya en casi todo el mundo, a la suspensión o el retiro definitivo de la licencia de conducir para aquellos que reinciden en violaciones a la ley. La forma en que los pilotos del transporte pesado se comportan es alarmante porque abusando del tamaño de las unidades que conducen, imponen su ley aun en contra de la seguridad de ellos mismos y de sus pasajeros.

Ir detrás de una camioneta pullman llena de pasajeros es atestiguar ese drama cotidiano porque rebasan en curva, expulsan de la carretera a los que vienen en dirección contraria y van presionando a los otros automovilistas en forma temeraria. Es un milagro que en medio de ese caos existente en nuestras carreteras no se produzcan más tragedias de las que ya tenemos que lamentar y posiblemente ello se debe a que el resto del tráfico prefiere hacerse a un lado y manejar totalmente a la defensiva para evitar que los maten esos patanes.

Hace poco comenté en La Hora el peligro de las casetas del peaje de la autopista Palí­n-Escuintla y el muy querido amigo Embajador de México me hizo un comentario que fue en verdad contundente. El problema principal no está en la ubicación de las casetas sino en la actitud irresponsable de los conductores que transitan por nuestras calles y carreteras. Durante algunos kilómetros antes de llegar a Mazatenango me tocó ir en una larga fila de vehí­culos y un autobús de la empresa Charras empezó a rebasar en forma abusiva. Lo hací­a cuando vení­an carros en dirección contraria y los obligaba a salirse del camino y lo hací­a en curva estando a punto de causar varios accidentes. Siguió su alocada carrera y no lo volvimos a ver hasta en la cuesta hacia Palí­n en donde lo alcanzamos todos los que manejando prudentemente mantuvimos un paso aceptable sin exponernos ni exponer a nadie.

Y me pregunto cómo es posible que el energúmeno que manejaba ese autobús siga todos los dí­as poniendo en peligro a tanta gente sin recibir ninguna sanción. Los pasajeros evidentemente no se quejan ni protestan, mucho menos denuncian al irresponsable piloto que se encarga de mantener su placa de circulación sucia e ilegible para impedir que otros automovilistas lo puedan reportar. Pero aun y cuando fuera reportado a las autoridades competentes, no hay forma de sancionarlo porque nuestras leyes son inútiles.

¿Será que alguien en el Congreso se puede ocupar de conseguir la legislación de tránsito de otros paí­ses, donde han reducido el número de accidentes como en España, por ejemplo, para ver qué podemos aplicar nosotros para mejorar nuestra seguridad vial? Hay muchos modelos a imitar y lo que hace falta es un mí­nimo de interés y preocupación.