Antes llamada Ley Contra el Enriquecimiento Ilícito, hoy con algunas modificaciones, Ley Anticorrupción. Esta es una iniciativa de ley que contiene reformas al Código Penal y otras leyes, a través de las cuales tipifica algunos delitos como el enriquecimiento ilícito y el testaferrato y también aumenta la gravedad de las penas relativas a otros delitos contra la administración pública.
He comentado en varias columnas acerca de las leyes de transparencia y de la rendición de cuentas y he decidido escribir nuevamente sobre estos temas porque se ha abierto una ventana de oportunidad para que en sesión extraordinaria, el Congreso apruebe la Ley Anticorrupción en esta semana.
Soy de la idea de que más leyes no hacen necesariamente un mejor país, incluso pueden llevarlo al estancamiento o al retroceso, sin embargo estas reformas al Código Penal y otras leyes, consisten más en una mejora de las reglas existentes haciéndolas más claras, dándole una mejor herramienta a la administración de justicia para que pueda castigar ejemplarmente a aquellos que abusen del poder que les confieren sus cargos públicos o sus influencias.
Creo que es necesario que el Congreso apruebe de forma urgente la Ley Anticorrupción sin cambios al actual dictamen, que ha sido compartido por la Comisión de Asuntos Legislativos y Puntos Constitucionales y que toma en cuenta las mejores opiniones de muchos sectores que han hecho análisis de la misma. Esta iniciativa no es perfecta, pero es un adelanto con respecto a lo que hoy tenemos y en un país en el que muchas cosas van mal, cualquier cosa que sume o multiplique debe ser apoyada.
Es momento de que los ciudadanos exijamos su aprobación, para poder contar con mayor certeza de que un funcionario público electo o nombrado, pueda ser castigado cuando infrinja la ley y se aproveche de su posición y de los recursos asignados a ella.
Tomo un espacio en esta columna para enviarle un saludo fraternal a los familiares de don Julio Lowenthal, quien falleció el pasado jueves, especialmente a sus nietos Javier, Marinés, Irene e Isita. Don Julio fue diputado al Congreso de la República, Quinto Secretario de la Asamblea Nacional Constituyente de 1985, fundador y fiduciario de la Universidad Francisco Marroquín, empresario y defensor de las ideas de la libertad.
Varios años atrás, siendo don Julio diputado y yo estudiante, me permitió y motivó a acompañarle a una reunión conjunta de las Comisiones de Economía y de Finanzas Públicas y Moneda, que él mismo había solicitado para presentarles una ponencia de un experto en economía. Además de permitirme acompañarle, me procuró un buen lugar para que pudiera presenciar la reunión y también una explicación acerca del Congreso de la República y de sus instalaciones.
Esa fue la primera vez que visité el Congreso en toda mi vida. La semilla que él sembró ese día, al animarme y no dejar que perdiera el entusiasmo, ha dado frutos. Hoy el Congreso de la República es un lugar familiar para mí, su estudio y la generación de proyectos ciudadanos para renovarle y mejorarle, ocupan la mayor parte de mí día a día.
He podido ser parte de eventos importantes que se han llevado a cabo en él y alrededor de él, como la aprobación de la Ley de Comisiones de Postulación, de dos Presupuestos de Ingresos y Egresos del Estado, del uso del tablero electrónico y de elecciones de puestos claves para nuestros órganos de control, entre otros.
¡Muchas gracias don Julio por animarme aquel día, por haber tenido un gesto que nunca olvidaré, bendiciones para usted y su familia!