Mientras la población se prepara para celebrar las fiestas navideñas y de fin de año, las autoridades cumplen con el «penoso deber» de informarnos a todos que en estos días de algarabía y felicidad espiritual, los maleantes se preparan para incrementar su actividad porque ellos también quieren su «aguinaldo» y saben que al circular más dinero en estas fechas, se les facilita atacar a la ciudadanía honrada.
Aumentan las extorsiones y se incrementa el robo de celulares y asaltos a plena luz del día, según la estadística terrorífica que nos comunican las autoridades que no tienen otro recurso que el de avisarnos con tiempo para que seamos nosotros los que tomemos las debidas precauciones. Se sabe dónde actúan los maleantes, dónde venden la mercadería mal habida, cómo proceden al extorsionar a la población, pero ni siquiera con esa información que podría ser mejorada aún mucho más si tuviéramos efectivos sistemas de inteligencia para combatir la violencia, nada se puede hacer y simplemente estamos de rodillas frente al crimen.
La mejor y más concreta esperanza es pasar inadvertidos y que los delincuentes no encuentren nuestro número en una guía telefónica que es el mejor instrumento para los maleantes que usan el teléfono para enriquecerse a cambio del terror de la población. También hay que confiar en que no nos topemos con alguno de los miles de asaltantes que diariamente se suben a su motocicleta con la misma naturalidad de quienes lo hacen para vender pan o hacer repartos, pero decididos a robar a mano armada a cualquier parroquiano que se ponga en el camino.
Mientras los guatemaltecos empiezan a pensar en cómo complacer a sus familiares y amigos con regalos y obsequios navideños, los delincuentes se esmeran en encontrar la forma de despojarlos de sus pertenencias sin que exista la menor esperanza de que mejores controles y más vigilancia puedan ser disuasivos para ofrecer mínimos de seguridad a la población.
Hemos llegado al punto en el que la mejor acción en contra de la violencia es una peregrinación a Esquipulas para pedirle al milagroso Cristo Negro que se apiade de nosotros. No encontramos respuesta terrenal a nuestras constantes angustias y por lo tanto confiamos en el Altísimo como única esperanza.
Indudablemente que tenemos que redoblar nuestras precauciones en estos días, sobre todo porque ya estamos avisados de que se viene una oleada de criminalidad en contra de la ciudadanía honrada, porque resulta que los pícaros también quieren su aguinaldo y la única forma de conseguirlo es mediante asaltos, extorsiones y robos en contra de la gente trabajadora. Mientras más atentos estemos, menos fácil será la labor de los delincuentes.