Universidad y Laicismo (I)


«El laicismo en el plano educativo es la posibilidad de educar sin que medie necesariamente el tema de la religión y que ella se constituya en una opción personal; mientras tanto, las instituciones laicas adoptan la ciencia como criterio esencial de su forma de enseñar…», Fabián Carrión. Catedrático Universidad Central. Ecuador 2008.

Factor Méndez Doninelli

En Honduras se ha desatado una tormenta que por momentos ha subido de intensidad, por la decisión de la Rectora de la Universidad Nacional, licenciada Julieta Castellanos, de impedir que en el campus universitario se celebrara una misa el Miércoles de Ceniza. Esa decisión legí­tima y correcta de la Rectora universitaria, sustentada en los principios de la autonomí­a y el carácter laico de la educación pública, desató la ira de los representantes de la Iglesia Católica, de sectores religiosos y conservadores, quienes han puesto el grito en el cielo espantados por tal decisión.

El laicismo vinculado con la ilustración y la revolución liberal, es, «la doctrina que defiende la independencia de la sociedad y el Estado de toda influencia eclesiástica» (Diccionario Larousse), se le considera corriente de pensamiento, ideologí­a, legislación o polí­tica de gobierno que defiende o favorece la existencia de una sociedad organizada de forma independiente, ajena a las confesiones religiosas. Su ejemplo es el «Estado laico» o «no confesional», opuesto al «Estado confesional». El Estado laico nació en Francia en el siglo XIX, como resultado de la separación Iglesia-Estado. Los laicistas consideran que su postura garantiza la libertad de conciencia además de la no imposición de normas y valores morales particulares de ninguna religión. El laicismo afirma que la laicidad es un principio indisociable de la democracia, porque las creencias religiosas no deben imponerse a nadie ni convertirse en leyes.

La educación trasmitida en las universidades públicas debe ser sustentada en la ciencia, por tanto extraña a la influencia de cualquier denominación religiosa, lo que implica la posibilidad de que la ciencia supere mitos y creencias, en consecuencia ser una educación emancipadora. Este tema es un debate de larga data que tiene vigencia actual, pues es común y corriente en pasillos universitarios, en la cátedra y hasta en algunos actos académicos solemnes, utilizar una retórica religiosa, eso está bien para las Universidades privadas confesionales, pero no para las públicas donde la educación debe seguir siendo laica.

En nuestra Alma Mater, la Universidad de San Carlos, es frecuente escuchar a Decanos y catedráticos haciendo exposiciones con un mix de ciencia y de religión, creo que la Academia no es espacio para el oportunismo religioso. Lo mismo sucede con la clase polí­tica doméstica y los gobernantes, quienes como buenos fundamentalistas hacen discursos plagados de religiosidad y al final de sus intervenciones hasta se atreven a repartir bendiciones en nombre de Dios. Que yo sepa, el Estado de Guatemala está separado de la Iglesia ergo es un Estado laico.