Unámonos


Sabedores que la unión hace la fuerza, es indispensable encaminarnos hacia esa meta con denuedo y gran valor; sabemos que el otro lado de la medalla consiste en la pérdida de valores humanos, constituyen entonces el desafí­o constante que superar, sin asomo de dudas, tampoco dilación.

Juan de Dios Rojas
jddrojas@yahoo.com

Un señalamiento hace con su lira de poeta Julio Fausto Aguilera en el poema de su autorí­a, La Patria que yo ansí­o, mediante un segmento a continuación: «La patria, les decí­a, es una casa/donde vivimos todos como hermanos (…)» si eso fuese realidad, otro rostro verí­amos al momento.

Por lo tanto, resulta propicio la puntualización de cómo la unión entre connacionales significarí­a el basamento o piedra angular, capaz de erigir la casa grande. De consiguiente, es sabido de sobra que es tiempo para darle un giro distinto a las expresiones que ahora vemos dondequiera.

Una hermosa postal, elocuente en grado sumo llena de emoción nuestras pupilas cuando vemos al azar un grupo integrado por elementos de una familia, solidarios, mancomunados y firmes en el disfrute de pequeñas cosas. Satisface plenamente ese convivió formativo por sus legí­timas proyecciones.

¿Por qué los guatemaltecos vivimos distanciados? Se ha perdido el auténtico espí­ritu de fraternidad cada vez más y más, pudiese ser la respuesta. Asuntos internos como externos, según el caso, son responsables de aquella diferencia abismal que caracteriza a nuestra sociedad convulsionada.

Punto de partida lo constituye el hecho que data desde tiempo atrás en la historia nacional, con el ingrediente de separación forzosa, fruto del divisionismo a ultranza. Luchas enconadas por el poder y la subsiguiente conformación originaron grupos tildados de comunistas y anticomunistas.

El largo enfrentamiento armado interno agudizó el rompimiento de hermandad, con la pérdida de vidas y derramamiento de sangre, cauda aún persistente. Sin embargo, si contamos con la voluntad de enderezar el rumbo y cada uno pone el clásico granito de arena, serí­a posible obtenerlo.

A menudo nos enteramos del permanente y poco atendido llamamiento, en el sentido que la necesidad y urgencia de unirnos requiere del concurso de todos. Unámonos en la alegrí­a y en la tristeza; unámonos para que Guatemala reciba de sus hijos la seguridad y bienestar general que andan muy lejos.