Guillermo Antonio Ceballos sobrepasa las ocho décadas de haber nacido, y a pesar de lo avanzado de su edad, a principios de este año aún laboraba en la Empresa de Agua (Empagua) de la Municipalidad capitalina. Sin embargo, el merecido descanso por fin llegó, y antes de cumplir 84 años, se jubiló.
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Fueron largos años de servicio activo para el país, y sobre todo para la ciudad capital, ya que él era uno de los principales investigadores para proveer de agua a la metrópoli. Al retirarse, se desempeñaba como asesor de la subgerencia de Empagua.
Atrás quedarán aquellos lejanos años de mediados del siglo XX, por el año 1954 cuando empezaba a laborar para la institución que luego tomaría el nombre de Empagua. Aún el documento que le acreditaba su salario tenía tachado el estado civil de soltero, y sobrescrito como casado, en esa época feliz cuando su labor era imprescindible para sostener a su familia.
Los tiempos no eran fáciles, y tenía que trabajar muy duro por cada hora que estaba en servicio, ya que el pago era por cada 60 minutos. En algunos casos, 26 centavos por hora era el precio de su trabajo, cifra que pareciera insignificante hoy día, pero que en esa época era un salario digno, y, sobre todo, ganado con mucho amor porque se destinaba para el sostenimiento de su familia.
Poco a poco fue creciendo dentro de la empresa, que luego se convertiría formalmente en Empagua. Unos años después, por la década de los sesenta, fue promovido a inspector, y siempre fue creciendo dentro de la empresa.
Llegó a ser tan reconocido dentro de la institución, que pronto se le confiarían misiones, sobre todo las que tenían por objetivo velar por la transparencia o la investigación.
RECONOCIMIENTO
La salida para su justo descanso no pasó inadvertida entre sus compañeros y superiores. Su ausencia será difícil de ser llenada, pero deja tras de sí un bello recuerdo y, especialmente, enseñanzas de cómo se debe realizar la labor, tanto técnica como moralmente.
«Realizó una exhaustiva investigación interdepartamental e interinstitucional, con mística de trabajo, para recopilación de información sobre los inmuebles afectos por el Acueducto Nacional Xayá-Pixcayá», refirió Hugo Dagoberto Vásquez y Vásquez, subgerente técnico de Empagua, al reconocerle su labor.
El 5 de febrero pasado, en esta Subgerencia de Empagua se realizó un homenaje para este hombre que dejó su vida por el agua de la ciudad capital.
«Estamos en presencia de un amigo y compañero de trabajo, con valores y principios, muy apreciados por su escasez en los últimos tiempos», inició su discurso el subgerente Vásquez, para referirse sobre la calidad humana de Ceballos.
«Nos encontramos compartiendo la alegría y, a la vez, la tristeza de su retiro de Empagua, porque esta empresa pierde un gran elemento, una gran persona y un excelente trabajador, que ha dejado gran parte de su vida dentro, y no sólo como trabajador sino como compañero y amigo», comentaron sus compañeros el día de su retiro.
«He valorado su trabajo siempre; mi recuerdo más lejano se remonta a 1991, cuando fungió como Procurador de Terrenos para la ejecución de todas las obras de infraestructura del Proyecto Emergencia 1», recordó el subgerente técnico de Empagua.
Como parte del homenaje que le brindaron por su retiro tras muchos años, se le brindó la Medalla de Honor al Mérito.
CARíCTER
Según recuerdan sus compañeros, Guillermo era una persona que, no sólo se dedicó a hacer su labor, sino que también hizo un apostolado con sus compañeros de trabajo a través de la amistad que brindó.
«Particularmente me siento muy orgulloso de poder referirme a don Guillermo como el amigo sincero, honesto y responsable, dedicado y capaz con una memoria, don de gente y alta sensibilidad, envidiables», refirió Vásquez y Vásquez.
«Siempre estuvo dispuesto a colaborar con todas y cada una de las diferentes direcciones que son parte de Empagua, porque también ha sido materia dispuesta para cuando se le ha requerido su ayuda», resaltan sus compañeros de la empresa donde trabajó por muchos años.
DESPEDIDA
«Estamos seguros que siempre buscará en qué invertir su tiempo y los sabios conocimientos adquiridos en el transcurso de los años que estuvo al servicio de Empagua», concluyeron sus compañeros de trabajo, en el día de su jubilación.
«Haciendo propia la política administrativa del alcalde ílvaro Arzú, damos honor al mérito a aquellos trabajadores que van más allá del deber», concluyó Vásquez, que con una mezcla de tristeza y alegría se despidió de Ceballos.
Ahora le resta sembrar lo que se cosechó y a estar satisfecho que puede descansar tras una vida de servicio, en que hizo incluso más de lo que estaba dentro de su obligación meramente laboral.