Tanto a nivel local como internacional, existe la impresión que Guatemala es uno de los países más violentos del continente, al grado que la comparación de algunos datos estadísticos, permite determinar que en la etapa posterior a la firma de los Acuerdos de Paz en 1996 han muerto más personas por los altos niveles de la delincuencia común y el crimen organizado que durante la guerra interna de 36 años entre el Ejército y la guerrilla izquierdista.
Pero un análisis exhaustivo sugiere que más que una sociedad violenta, Guatemala es y ha sido una sociedad violentada cuya población vive inmersa en el marco de una cultura de miedo. La desigualdad social, la exclusión, la pobreza, el racismo y la concentración de la propiedad de la riqueza en pocas manos, son algunos rasgos que han caracterizado en forma dominante la historia nacional con orígenes que se remontan al trágico proceso de la conquista española pasando por la fase de la colonia y el denominado período de independencia hasta la época contemporánea.
En sus investigaciones sobre el tema, el historiador guatemalteco Julio Castellanos Cambranes ha llegado a la conclusión que la invasión de los españoles se produjo con extrema brutalidad. Miles de los pobladores nativos fueron asesinados por los peninsulares y otros miles murieron contagiados por enfermedades que tenían los invasores.
La gran mayoría de la población fue sometida a procedimientos esclavistas, despojándolos de sus tierras y su dignidad. Como en Guatemala no existía abundancia de metales preciosos como el oro y la plata, la colonización se llevó a cabo sobre la base de la explotación del suelo y del trabajo forzado de los pobladores nativos, quienes desde entonces fueron ubicados en un rango de inferioridad.
En la actualidad no existen dudas sobre que la conquista fue fundamentalmente un acto de violencia. Los sociólogos Edelberto Torres-Rivas y Gabriel Aguilera, señalan en su libro Del Autoritarismo a la Paz, que el período colonial fue un régimen de terror para los indígenas. La crueldad desatada fue de tal magnitud que el jefe de los conquistadores, don Pedro de Alvarado, quemó vivos a los derrotados caciques quichés en el incendio de Gumarcaah.
Según estos autores, en Guatemala se ha cultivado la violencia en el interior desde una estructura social profundamente desigual, que tiene su germen en la conquista española de la sociedad indígena. No hay duda que Guatemala es una sociedad violentada y que sus pobladores viven dentro de un esquema de angustia. Guatemala es una sociedad temerosa y sin auténticos dirigentes, pues durante la época de la guerra interna, los grupos dominantes liquidaron a los mejores líderes del país.