Una recta final de nervio y pánico


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Desde agosto se hací­an conjeturas sobre si este equipo se cruzaba con el otro en los playoffs y si a aquel le convení­a mejor terminar en tal posición.

Por ERIC Níší‘EZ NUEVA YORK / Agencia AP

Lloví­an las recriminaciones de que el suspenso habí­a desaparecido de la recta final de la temporada, con las seis divisiones sentenciadas e inclusive la puja por los dos wild cards. Y que esto se acentuarí­a cuando se trate de cambiar el formato de postemporada al incorporar un par de equipos más.

¿Querí­an emoción? Pues las últimas dos semanas que restan van a estar el rojo vivo.

Y quizás no existe equipo que en este momento esté sintiendo la presión más que los Medias Rojas de Boston.

De comandar el Este de la Liga Americana al comienzo de septiembre, inician el fin de semana a cuatro juegos y medio de los Yanquis de Nueva York.

¿Al menos queda el salvavidas del wild card? Menos se puede fiar del boleto secundario, ya que de estar con una diferencia de ocho juegos y tanto, ahora se aferran desesperadamente a una brecha de apenas tres sobre los Rays de Tampa Bay, que el jueves le ganaron el primer partido de una decisiva serie de cuatro.

Y algunos no se han dado cuenta pero la lucha por el wild card de la Americana no está circunscrita sólo a Boston y Tampa Bay. No pierda de vista a los Angelinos de Los íngeles, que están tratando de podar una desventaja de tres y medio a los Rangers de Texas, lí­deres en el Oeste. Entre Boston y Los íngeles están separados por escasos cuatro juegos.

Quizás se puede producir algo que nadie concebí­a hace un par de semanas: ¡un triple empate por el wild card!

Tampoco hay que dejar de prestar atención a la Central de la Nacional, donde los Cardenales de San Luis han repuntado tras barrer a Atlanta el pasado fin de semana para apretar la división (a cinco y medio de los punteros Cerveceros de Milwaukee) y el wild card (a cuatro y medio de los Bravos).

En otros lares la situación sí­ parece cocinada. Los Tigres de Detroit necesitan una victoria más o una derrota de Cleveland para ganar la Central de la Americana, que serí­a su primer tí­tulo de división desde 1987, el año de su última conquista de la Serie Mundial.

El número mágico para que los Filis salgan campeones del Este de la Nacional por quinto año seguido es de apenas dos triunfos, aunque Filadelfia ya aseguró el boleto a la postemporada al menos como wild card.

Pero la cosa es totalmente incierta en la Americana, donde los Medias Rojas están haciendo agua y David Ortiz dijo que habí­a que estar en pánico.

Quedar fuera de la postemporada serí­a un papelón espectacular para Boston, cuyo roster es infinitamente más caro que el de los Rays, el club que año tras año se mantiene a flote pese a perder figuras por cuestiones de presupuesto. Uno de ellos es el jardinero Carl Crawford, quien se pasó a las filas de Boston.

Si los Medias Rojas no se clasifican, lo suyo serí­a el peor derrumbe en septiembre, puesto que aventajaban a los Rays por nueve partidos al 3 de septiembre.

Boston confí­an que el calendario es su mejor aliado. Después de completar una tanda de cuatro juegos este fin de semana contra Tampa Bay, los Medias Rojas tendrán siete de sus últimos 10 juegos contra los Orioles de Baltimore, contra quienes tienen foja de 8-3 este año y 45-20 desde 2008. De por medio hay una serie de tres duelos frente a los Yanquis en Nueva York.

Los Rays afrontan siete juegos ante Nueva York, cuatro como visitantes y tres de local en la última serie de la campaña.

«No es tan grave la cosa. Aún estamos tres juegos arriba. Hay que preocuparse del siguiente juego y ya», dijo el catcher de Boston Jarrod Saltalamacchia, tratando de apaciguar el nerviosismo que cunde en Fenway Park.

Pero los Rays tienen los brazos para concretar la remontada, con David Price, James Shields y Jeremy Hellickson. Boston, en cambio, cuenta con Jon Lester como su única carta fiable tras los problemas fí­sicos que han afectado a Josh Beckett y Clay Buchholz. Además está el pésimo desempeño de John Lackey, cuyo salario de 15,25 millones de dólares supera al acumulado de toda la rotación de los Rays y el rédito ha sido una efectividad de 6.19.

Los Rays han empezado a creer que están tocados por una varita mágica, como ocurrió el jueves cuando se adelantaron ante Boston cuando el madero de B.J. Upton se rompió tras hacer contacto y el torpedero Marco Scutaro no pudo fildear la pelota al tener que eludir un fragmento del bate.

«Uno siempre está buscando ese tipo de señas», dijo el manager de los Rays, Joe Maddon. «Las señas que vienen del cielo del béisbol y los dioses del béisbol. De vez en cuando te deben dar señales. Deben darte algo para poder creer».

CLAYTON KERSHAW
Hacia la triple corona de pitcheo


El abridor de los Dodgers de Los íngeles Clayton Kershaw (quien lanza el miércoles) es lí­der de la Liga Nacional en ponches (231), está empatado en primer lugar con Johnny Cueto de los Rojos de Cincinnati en efectividad (2.36) y figura detrás de Ian Kennedy de los Diamondbacks de Arizona en victorias (Kershaw tiene 18, Kennedy 19).

Ocho lanzadores han ganado la triple corona (victorias, efectividad y ponches) unas 11 veces combinadas desde que el primer trofeo del Cy Young fue entregado en 1956. Esas 11 temporadas terminaron con el premio Cy Young.

Si Kershaw se llevara la triple corona, no serí­a sorprendente que el premio sea otorgado a un jugador de un equipo perdedor (los Dodgers actualmente están a tres partidos por debajo de .500). Ha sucedido 15 veces, incluso en las últimas tres temporadas. Félix Hernández (2010) de los Marineos de Seattle y Zack Greinke de los Reales de Kansas City (2009) ganaron el Cy Young de la Americana, y Tim Lincecum de los Gigantes de San Francisco se llevó el premio de 2008 de la Nacional.

Sin embargo, si su compañero de equipo Matt Kemp fuere elegido como Jugador Más Valioso, se convertirí­a en sólo el sexto ganador de un equipo perdedor desde que los escritores de béisbol comenzaron a dar el premio en 1931.

Si ambos, Kemp y Kershaw, ganan por partida doble serí­an el 19° par de compañeros de equipo que lo logra, pero el primero que lo logra con un equipo perdedor.

Diecisiete de los 18 equipos anteriores que contaron con el ganador del Cy Young y el JMV de la liga fueron a la postemporada con excepción de los Dodgers de 1962, que ganaron 102 partidos pero perdieron una serie de tres juegos contra los Gigantes por el banderí­n. El peor equipo en términos de porcentaje de victorias fue los Filis de Filadelfia, con marca de 91-71 (.562).