Guatemala fue sede del XIV Encuentro Internacional del Movimiento de Encuentros de Promoción Juvenil, realizado recientemente, del 12 al 19 de agosto; en este encuentro participaron jóvenes de Costa Rica, El Salvador, España, Estados Unidos, Honduras, México, Venezuela, Perú, Colombia, Panamá y Guatemala.
Antes de comentar de la experiencia que tuve la oportunidad de vivir al lado de tantos jóvenes de gran espíritu y de muchas ganas de juntos hacer cosas grandes, vale la pena explicar que un Encuentro de Promoción Juvenil es una convivencia juvenil diseñada especialmente para jóvenes en un momento crucial de la vida, el momento de las opciones vitales, y pretende de una forma esquematizada brindar a las y los jóvenes una guía para orientar esas opciones. Internacionalmente se nos conoce como EMPROÍSTAS.
Para la realización de este Encuentro, todos los países nos preparamos con varios meses de anticipación, emocionados nos reunimos todos en el mismo país. Guatemala les abrió las puertas a los muchos jóvenes que venían dispuestos a vivir una gran experiencia y aportar desde sus experiencias todo lo necesario para que este movimiento pueda llegar a más jóvenes, para acercarlos más a Dios y a partir de ahí, construir una mejor civilización basada en el amor.
Teníamos una misión, construir herramientas y definir acciones comunes para ser replicadas en todos los países representados. Entendiendo que en un mundo que está en constante evolución, que sufre de constantes cambios, debemos aportar nuevas formas de evangelización, siendo los actores claves y los protagonistas de una Iglesia Católica joven.
Durante esa semana, caracterizada por la energía, la alegría y la esperanza, tuvimos la bendición de contar con el apoyo de nuestra Iglesia Católica en Guatemala, recibimos la visita de obispos, arzobispos y del Nuncio Apostólico, quien además de visitarnos nos traía un gran regalo: El santo Padre Benedicto XVI nos había enviado un mensaje a quienes estábamos viviendo el encuentro, invitándonos a “ser valientes y constantes en la tarea evangelizadora, para llevar el mensaje redentor de Cristo a todos los hombres y mujeres de esa amada tierra”.
Qué gran responsabilidad la que ha caído sobre nosotros, sin embargo, ser emproístas no nos hace hombres y mujeres perfectos, pero dentro de nuestra imperfección como seres humanos, tenemos la bendición de haber sido llamados a realizar un cambio, a poner nuestras energías, nuestros dones y nuestras virtudes al servicio de los demás. Seguramente, en todos los países que estuvimos representados en este Encuentro, tendremos la oportunidad de generar cambios, acercándonos a más jóvenes, promoviendo la unión entre sociedades, siendo los jóvenes en quienes la Iglesia confía… Para lograr nuestro objetivo: CONSTRUIR LA CIVILIZACIÓN DEL AMOR.
Tuve la oportunidad de compartir con más de 100 jóvenes involucrados y reunidos por una misma misión, uniendo nuestras alegrías para poner nuestra Iglesia en movimiento, en donde habiendo tomado conciencia de nuestra misión, estoy segura que lograremos muchas cosas buenas.
Algunas impresiones del Encuentro de parte de los participantes internacionales:
Ricardo Cerdas de Costa Rica “Fue una gran experiencia de lo que es Iglesia: diversidad en la unidad, fraternidad, espíritu juvenil, ganas de trabajar por la civilización del amor, ánimo de invitar a otros y compartir lo mejor que nos ha pasado: encontrarnos con Cristo”.
Sandy Inga de Perú “El Encuentro Internacional significó la gracia de poder ver el rostro de Cristo en cada persona, en sus esfuerzos, en sus sacrificios, en sus ilusiones, en sus esperanzas, en las ganas de trabajar por un mundo mejor”.
Joan Pau Brañes de España “Fue una experiencia de fraternidad. Gente de lugares tan diversos y de culturas tan distintas unidas por el Amor. Todos juntos con Jesús en medio de nosotros. Simplemente, fantástico.”
Éder Ramírez de Honduras “Estamos invitados a transformar la realidad que están viviendo todos los países de Latinoamérica por medio del evangelio y utilizando nuestro carisma de la evangelización del joven por el joven, viéndonos no como el futuro sino el presente de nuestra Iglesia y del mundo.”