Lo referente a las guerras del futuro, puede que sólo interese a especialistas y estudiosos del tema. Mi propósito al abordarlo es para no ignorar lo que pudiera llegar a suceder en los próximos años en algunas regiones de nuestro planeta. Además, me parece que es un tema al que los medios de comunicación del país no le dan ninguna importancia, y es por ello que nada publican.
En todo caso, de lo que se trata es de llamar la atención sobre lo necesario e importante que es la lucha a favor del desarme mundial y por la paz y seguridad internacional en un mundo globalizado que ha empezado a dejar de ser unipolar y hegemonizado por la potencia económica y militar más poderosa de la historia.
Este es un asunto que debería interesarnos a todos y vérsele como parte de la importancia que tiene oponerse al encarecimiento incontrolado de los combustibles o enfrentar la crisis alimentaria que golpea a hombres y mujeres en cualquier parte del mundo, sin perder de vista los efectos escandalosamente dañinos para el medio ambiente que se derivan del calentamiento global. Hacerle frente a estos problemas debería ser una acción concertada a nivel de todos los pueblos y países del orbe, como parte de la lucha contra los cuantiosos recursos, medios y fondos que la Casa Blanca invierte en el desarrollo y modernización de su tecnología y maquinaria de guerra.
Por ahora estimo que vale la pena detenerse en resumir el artículo en el que Eva Golinger analiza lo que se refiere a La guerra cibernética, y en el que se puede encontrar información sobre «La Doctrina Conjunta de Operaciones de Información del Pentágono» (febrero de 2006), en la que se asienta que «para tener éxito, es necesario que las fuerzas armadas estadounidenses obtengan y mantengan la superioridad de información».
Según esta doctrina, las operaciones de información consisten en «el empleo integral de la guerra electrónica, las operaciones de las redes de computadoras, las operaciones psicológicas, la decepción militar, y las operaciones de seguridad». Las operaciones de las redes de computadoras, constituyen no sólo un concepto sino «una nueva forma de guerra: la guerra cibernética».
De acuerdo a esta doctrina, once son los objetivos de las operaciones de información las que, a su vez y de manera simultánea, «pueden ser empleadas en operaciones ofensivas tanto como defensivas». Estos once objetivos son: 1) destruir, 2) interrumpir, 3) degradar, 4) negar, 5) engañar, 6) explotar, 7) influenciar, 8) proteger, 9) detectar, 10), restaurar, y 11) responder.
Mediante el primer objetivo, se trata de «dañar un sistema o entidad hasta el punto que ya no pueda funcionar ni ser restaurado; con el segundo, «romper o interrumpir el flujo de información»; con el tercero, de «reducir la efectividad o eficiencia de los sistemas de comunicación del adversario y sus capacidades de recolección de información»; con el cuarto, «impedir al adversario acceder y utilizar información, sistemas y servicios críticos»; con el quinto, que una persona crea en «algo falso […] a través de la manipulación de su percepción de la realidad».
Con el objetivo número 6, el propósito es «lograr acceso al sistema del adversario para reclutar información o sembrar información falsa o decepcionante»; con el 7, de motivar que otros se comporten «de manera favorable a las fuerzas armadas estadounidenses»; con el número 8, «tomar acciones para protegerse contra el espionaje o la captura de equipos e información sensible»; con el 9, de «descubrir la existencia, presencia o hecho de una invasión en los sistemas de información»; con el número 10, reponer «la información y sistemas de información a su estado original»; y, con el 11, de «reaccionar rápidamente a los ataques e invasiones del adversario».
En opinión de la autora del artículo, «las operaciones psicológicas […] son muy conocidas por la Revolución Bolivariana. En junio de 2005, el Pentágono» lanzó una serie de operaciones psicológicas «especialmente dirigida a Venezuela para proyectar ciertas matrices de opinión que buscaban desacreditar al gobierno venezolano y demonizar al presidente Chávez». Adicionalmente, las operaciones «han estado dirigidas a las comunidades que apoyan al presidente Chávez para intentar disminuir ese apoyo y, eventualmente, destruir la base de la revolución». Las operaciones psicológicas, además, «promueven información e indicadores hacia audiencias «extranjeras» para influenciar sobre sus emociones, motivos, razonamiento objetivo y, últimamente, el comportamiento de sus gobiernos, organizaciones, grupos e individuos».
En el caso de Colombia, con lo hasta aquí transcrito, se confirma que detrás de lo que el presidente Uribe y su Ejército han estado montando como éxitos de su política de «Seguridad en Democracia» o algo parecido, está la injerencia de los servicios de seguridad e inteligencia de EE.UU.