Una novela histórica olvidada


José Luis López Garcí­a, A-1 301386

A la edad de cuarenta años, en plena producción periodí­stica y literaria, cuando todo era regocijo de sueños y proyectos futuros, morí­a en esta capital un 17 de octubre de 1902, el brillante joven escritor, Augustí­n Mencos Franco. A Mencos Franco se le reprocha deliberadamente ser un corifeo y simpatizante del partido conservador, en los tiempos en que gobernaban en este paí­s, las huestes liberales. Pero también se le critica haber escrito una novela histórica con el tí­tulo de «Don Juan Núñez Garcí­a», en una época en que estaba en boga la doctrina del realismo, aunque el autor de esta novela estaba al tanto de ello por sus copiosas lecturas. Esta novela fue publicada en 1898, y según el crí­tico literario norteamericano Seymour Menton, esta obra de Mencos Franco, en comparación con las novelas históricas de José Milla, tiene más caracterí­sticas históricas que novelescas, pues hay menos tramoya novelesca y no hay tanto suspenso como en las novelas de Milla. El tema histórico de «Don Juan Núñez Garcí­a», es la rebelión de los indios de Chiapas a principios del siglo XVIII.

El prolí­fico escritor nunca tuvo empacho en afirmar que si habí­a escrito esa novela con argumentos históricos, era porque le «daba la gana», y porque era amena la disposición al estudio de la historia patria, y también porque querí­a enseñarle al pueblo algo de lo que hací­an, pensaban y sentí­an las gentes del pasado. Referí­a el joven escritor, que el objeto de escribir la novela era para dar a conocer al público en forma amena y literaria, algunos sucesos importantes de la colonia que de un modo confuso y desorientado y en un lenguaje inculto y vulgar, referí­an los antiguos cronistas y viejos manuscritos.

Nosotros hemos leí­do con cierto deleite y amenidad, esta novela de Mencos Franco, y hemos leí­do también alguna crí­tica de ciertos especialistas literarios que coinciden con Seymour Menton en que esta novela atestigua la perduración anacrónica del romanticismo en Guatemala, y que se lee con mucho interés. Ya en aquellos tiempos, alguien habí­a dicho que Augustí­n Mencos Franco, antí­poda de otro gran escritor liberal, Ramón A. Salazar, era el Marcelino Menéndez y Pelayo de nuestro paí­s, a lo mejor por su numen literario y crí­tico de gran relieve.