El pasado viernes me estuvieron localizando desde temprano porque el ministro de Energía, Carlos Meany, quería visitarme para hablar sobre mi columna del miércoles, pero justo ese día salí de Guatemala y por ello en la tarde Carlos se comunicó conmigo vía telefónica y tuvimos una larga conversación sobre el tema de su explicación a los diputados de las razones por las cuales no baja la gasolina en nuestro país.
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Yo le dije a Carlos que uno esperaría que el Ministro del ramo acudiera al Congreso a plantear el punto de vista de los intereses nacionales y no simplemente a repetir los argumentos que a él le dan las petroleras. Porque el problema que tenemos en Guatemala es que no hay ninguna capacidad del Estado para impedir abusos porque la ley de comercialización de los combustibles que les regaló Ramiro de León Carpio a las compañías importadoras de los derivados del petróleo les otorga absoluta libertad para hacer lo que se les ronque la gana.
Carlos me repitió lo que ya dijo en el sentido de que los precios de la gasolina y el diésel no están directamente amarrados al precio del crudo, pero no me pudo rebatir nada cuando le dije que por qué jocotes no había dicho lo mismo cuando los precios iban para arriba y de manera automática se reflejaba el incremento del petróleo en los expendios de gasolina. Porque si no hay ligazón para que bajen, su ministerio no debió permitir que subieran aceleradamente. Entonces me dijo que no tienen suficientes instrumentos para fiscalizar porque la ley establece la libre comercialización.
Y eso es lo que yo creo que el ministerio debiera de cambiar y promover instrumentos que le permitan no sólo fiscalizar sino regular, pero intuí que Carlos no está en la onda de que deba existir regulación porque cada vez que le mencioné el tema me lo cambió y se fue por la cacareada protección al consumidor mediante un procurador especial. La verdad es que no se puede proteger adecuadamente al consumidor si no se sabe de qué estamos hablando y hoy en día el Ministerio de Energía y el de Economía no disponen de más información oficial que la que les quieren dar las petroleras.
En tiempos de Arana, cuando se produjo la primera crisis mundial de petróleo, el ministro de Economía era Carlos Molina Mencos y le tocó lidiar con las petroleras que le presentaban informaciones de costos basadas, por supuesto, en cotizaciones de sus propias refinerías del Caribe que les servían para justificar el incremento que exigían. Pese a todo, el ministerio se mantuvo en sus trece y durante meses impidió que las petroleras hicieran su agosto a costillas de los guatemaltecos.
El mercado libre presupone la existencia de reales factores de oferta y demanda como elementos para fijar precios, pero en el caso de los combustibles en Guatemala no existe ningún peso del lado de la demanda y los oferentes son oligopolio que actúa de común acuerdo para incrementar sus ganancias.
Hoy en día cualquiera se puede meter en Internet a sitios especializados para corroborar que es falso lo dicho por Carlos Meany en el sentido de que los precios de las gasolinas no han bajado en el mercado mundial y también se puede ver fácilmente que en Guatemala las alzas fueron automáticas y las rebajas nunca llegan.
Carlos me pidió ayuda para que la gente entienda que son distintos los conceptos de precio del crudo y del precio de la gasolina. Pero el punto no es ese, sino el abuso de las petroleras que Carlos defiende y justifica. Yo le ofrecí ayudarlo para presionar a fin de tener una ley que regule, pero repito que la regulación a él parece no interesarle gran cosa, lo cual es lamentable.