Una Jerusalén fracturada


El presidente estadounidense George W. Bush llegará el miércoles a Jerusalén, una ciudad fracturada que se encuentra en el corazón de un conflicto de varias décadas y que él espera ayudar a resolver.


«Esta ciudad está en el centro del volcán», explica Daniel Seidemann, un jurista israelí­ especialista de las cuestiones relativas a esta ciudad tres veces santa: para los judí­os, los musulmanes y los cristianos.

«En Jerusalén, los estallidos sobrevienen cada vez que aparecen amenazas reales o imaginarias sobre lo que se refiere a los santos lugares, y el problema es que hay muchos en la zona», añade.

Sin embargo, la rivalidad en torno a la Esplanada de las Mezquitas, tercer lugar santo del islam y situada donde se encontraba el antiguo Templo judí­o, el lugar más sagrado del judaí­smo, es sólo uno de los «frentes».

Las excavaciones arqueológicas son otro motivo de discordia polí­tica. Es el caso de la Ciudad de David, antigua capital del reino de los Hebreos, ahora situada a la entrada del barrio palestino de Silwan.

«Desde hace dos o tres años, hay una guerra no declarada que causa furor en el interior y alrededor de la ciudad vieja de Jerusalén», donde se encuentra la Esplanada de las Mezquitas, asegura Doron Spielman, portavoz de la fundación.

«El control de todos los sitios arqueológicos religiosos ha pasado a manos de los colonos, que se oponen a todo proceso polí­tico en Jerusalén», asevera Daniel Seidemann.

Los palestinos consideran que este tipo de proyectos se inscribe en una especie de conspiración destinada a modificar el equilibrio demográfico de la ciudad para imponer más fácilmente la soberaní­a de Israel, que conquistó la parte árabe de Jerusalén en junio de 1967 y luego la anexionó.

La población palestina se eleva actualmente a unas 260.000 personas, según la Autoridad Palestina, mientras que más de 200.000 israelí­es viven en los doce barrios construidos durante la colonización iniciada en 1967, según datos de La Paz Ahora, una organización opuesta a la colonización.

Jalil Tafakji, un cartógrafo palestino que participó en las negociaciones que culminaron en los acuerdos de autonomí­a de 1993, es pesimista sobre las posibilidades de que Israel acepte un dí­a que la parte oriental de la ciudad se convierta en la capital del futuro Estado palestino.

«(El primer ministro israelí­) Ehud Olmert va a propiciar nuevos hechos consumados sobre el terreno antes de las negociaciones sobre el estatuto final, para que Jerusalén, y sobre todo la ciudad vieja y lo que hay alrededor, permanezca bajo control israelí­», se lamenta.

A modo de ejemplo, toma la decisión de ampliar el barrio de colonos de Har Homa, que Israel tomó poco después de la reactivación de las negociaciones con los palestinos.

«Es una vieja ley fí­sica en Jerusalén; cada vez que el gobierno parece ser más conciliador con los palestinos, toma una iniciativa escandalosa en Jerusalén», dice Seidemann.

Sin embargo, Israel no considera que Har Homa sea una colonia, ya que se halla en los lí­mites municipales de Jerusalén que las autoridades israelí­es trazaron tras la anexión de la parte árabe de la ciudad, nunca reconocida por la comunidad internacional.

Los habitantes de barrios árabes como Silwan aseguran recibir periódicamente ofertas de compra de parte de intermediarios empleados por los israelí­es para adquirir sus casas a muy alto precio.

«Intentan comprar todas las casas que pueden. Tienen a agentes, tienen dinero, y si todo eso no funciona tienen el recurso de la ley», destaca el comerciante palestino Abu Jamil Siyam.