Una inolvidable Lucí­a de Lammermoor


El jueves 9 de octubre la Organización Para las Artes de la Universidad Francisco Marroquí­n nos deleitó con la puesta en escena de la deliciosa ópera de Gaetano Donizetti, Lucí­a di Lammermoor, que constituyó todo un acontecimiento artí­stico y cultural. Estupendo elenco nacional y extranjero, escenografí­a cuidadosamente diseñada y un esfuerzo culminado del entusiasta equipo realizador de la performance, a la altura de la dedicación y cariño con que Geraldina Baca-Spross, impulsora del magno evento, la concibió.

Rodolfo Rohrmoser Valdeavellano

En anteriores ocasiones he criticado públicamente al maestro Stefano Poda por la sofisticada puesta en escena en Guatemala de algunas óperas, muy buenos eventos musicales, desde mi análisis, pero inauténticos desde el punto de vista artí­stico, ya que en un derroche de originalidad, del que hace gala el distinguido maestro, cambia las épocas históricas y la esencia de los personajes. En fin, esa es mi opinión, que contrasta con la de otros aficionados que, más que ver y escuchar ópera, se satisfacen con un derroche de parafernalia, privilegiando la forma y no el fondo.

Por ello, en un intento de ecuanimidad, me complace felicitar ahora muy sinceramente, el esfuerzo y entusiasmo de Geraldina y de quienes intervinieron en la representación, digna de cualquier gran teatro operático mundial, y afortunadamente, aquí­, a la mano, en nuestra patria y para nuestro deleite, no dejando de lamentar, sin embargo, que no haya podido integrarse la orquesta prevista en la partitura, sin duda por obvias razones presupuestarias o de espacio teatral. Empero, el director, la flauta, el clarinete, el arpa, la percusión, el piano, el piano digital y la trompeta, que hicieron sus veces, cumplieron a cabalidad y cum laude, la función prevista. La notable soprano Park y Julio Garcí­a, nuestro excelso flautista, en la escena de la locura de Lucí­a, principalmente, lograron realizaciones inolvidables.

Fue verdaderamente impresionante el esfuerzo, cariño y entusiasmo que el coro puso en su empeño de actuar y cantar, tarea dificilí­sima de lograr armoniosamente. Labor cumplida para su director, Heber Morales. La realización escenográfica, a cargo de Miguel Cuevas, de primer orden y con gran respeto a la manera tradicional como se concibe la ópera, en mi opinión, la mejor de Donizetti. De la actuación de los papeles estelares, “el nuestro,” Luis Felipe, la soprano Park, el tenor Alcalá y el bajo Relyea, invitados extranjeros provenientes de Canadá y México, es preciso reconocer su absoluto conocimiento de la obra, su brillante interpretación de la misma, y sobre todo, su total dominio de la plena coordinación que en ópera debe existir entre actuación y bel canto. Los jóvenes chapines Chang, tenor, y la primorosa Pamela, soprano lí­rica, confirmaron una vez más, su dominio vocal y escénico, así­ como el promisorio futuro que les espera.

Este éxito de la entusiasta y siempre sonriente Geraldina motiva una exhortación muy vehemente para que en un futuro cercano deleite nuevamente al aficionado público, que por cierto llenó el auditórium de la UFM, con otra de sus grandes inquietudes musicales, y qué mejor, si fueran operáticas, por razón de la difí­cil tarea de llevarlas a escena, básicamente, por los elevados costos que ello implica.