Una injusticia más


Alejandro Giammattei Falla, heredó el nombre de su padre Alejandro Giammattei Cáceres, ambos miembros de familias honorables que han servido a Guatemala por generaciones. Familias que han realizado un recorrido intachable a su paso por la vida, heredando a sus hijos un nombre limpio.

Doctor Mario Castejón
castejon1936@hotmail.com

Personalmente conocí­ a Alejandro Giammattei Falla, siendo director de Empagua durante la administración de ílvaro Arzú allá por los años ochenta. Me llamó la atención su manera de ser franca y directa sin mucha palabrerí­a. Pasados los años me enteré de su trabajo en el Tribunal Supremo Electoral al lado del Lic. Alfredo Herbruger, en el que se desempeñó con eficiencia. Más tarde también fui testigo de su postulación a la alcaldí­a de la capital y luego a la Presidencia de la Republica, en donde su participación fue siempre de altura.

En el año 2006, lo catapultó ante la opinión pública la toma de Pavón durante el Gobierno de Oscar Berger, fungiendo como Director de Presidios. El reclusorio de Pavón era en aquel momento -no sé si volvió a serlo- el equivalente a una ciudad amurallada en poder del crimen organizado desde donde se dirigí­an acciones criminales. Era conocido que reclusos condenados por crí­menes de alto impacto cumplí­an condena en aquel lugar, entraban y salí­an a su antojo. Se habí­a creado una organización criminal dentro de la cárcel, en donde sus jefes se convirtieron en intocables y su radio de acción se extendí­a hasta los tribunales de justicia. En una ocasión relaté cómo durante una visita que realicé a Pavón con una de las varias Comisiones Pro Reforma Penitenciaria que han surgido en los últimos años, nos encontramos con un jinete de paseo por los alrededores del reclusorio. El hombre lucí­a vestido a la última, con un traje propio para un desfile hí­pico sobre una bestia de fina estampa con montura y arneses de lujo. Se comentó que aquel sujeto conocido como «el Colombiano», era uno de los reos que mandaba en la prisión.

Cuando sucedió la toma de Pavón durante el Gobierno de Oscar Berger, no fue Alejandro Giammattei el encargado del operativo. No podí­a dejar de estar presente por la posición que ocupaba como Director de Presidios, pero cuando se dio el enfrentamiento Giammattei permaneció alejado de cualquier acción.

Revisando los diarios de la época, en ninguno de ellos aparece Alejandro Giammattei armado dentro de las instalaciones, ni en actitud de ser los que dirigí­an la toma del reclusorio. Sin embargo como dice la voz popular: la pita se rompe por el lado más delgado. La CICIG al abrir el expediente, actuó contra la única cabeza visible dentro de aquel suceso, la figura del Director de Presidios, un error garrafal que tendrá que ser rectificado por el comisionado de la CICIG, después de la buena labor que ha venido desempeñando. En mi criterio Alejandro Giammattei cometió un error al asilarse en la Embajada de Honduras, en donde el Embajador ofreció unas declaraciones confusas alrededor del hecho, que más tarde trató de rectificar cuando el daño estaba hecho. Ya no es de extrañar en Guatemala, que un hombre honrado, bien intencionado, deseoso de servir, esté siendo tratado como un criminal por acciones de las cuales no es responsable, compartiendo prisión con verdaderos criminales. Lo último que conocemos de esta pantomima en la que vivimos sumergidos, es la noticia que el Presidente de la Cámara Penal, Lic. César Barrientos, interviniendo en un proceso – cosa que viola la ley- ofreciera a Giammattei un juicio abreviado además de sacarlo del paí­s con sueldo, casa, etc. si se declaraba «colaborador eficaz». Dicho ofrecimiento fue un insulto más para Alejandro Giammattei. El llamado «colaborador eficaz», no es otra cosa más que un delator, un traidor de poca monta, una figura deleznable creada como una forma rápida para resolver una investigación.

El caso de Giammattei, me recuerda la tragedia del capitán Alfred Dreyfus, miembro del Ejército francés condenado injustamente y enviado a la Isla del Diablo por un crimen que no cometió. Después de cinco años se reconoció el error y Dreyfus fue declarado inocente por la justicia de Francia.

En el caso de Alejandro Giammattei se está a tiempo de evitar una injusticia. Años atrás cuando por la toma de Pavón fue considerado como un héroe, mientras ahora muchos de los que antes le aplaudieron se han olvidado de él, el jefe de la CICIG tiene la palabra para que una injusticia sea enmendada.