La forma como la Honorable Corte de Constitucionalidad resolvió el tema del transporte pesado es, ni más ni menos que, una gí¼izachada, pero es que no podía ser de otra manera, porque como diría nuestro recordado poeta Pepe Hernández Cobos, la cosa se les puso «feróstida».
Resulta que las dos partes en ese conflicto tienen su razón, y cada quien la aplica en las leyes que las amparan. Para mí, el problema no tiene cariz político-partidista. Los traileres ocasionan atascos viales, y la Comuna consideró restringirles los horarios de pasar por las calles citadinas, pero los choferes de los cabezales han expuesto sus razones: deterioro de los artículos perecederos y además, peligro de ser asaltados, y al Gobierno Central le atinge velar por la comodidad de los ciudadanos.
Y es que la expansión del parque vehicular creció de súbito, y las vías no están diseñadas para soportarla. De lo que se lee, en otos países ocurre lo mismo y se aplican las medidas correctivas sin que afecten a terceros, pero tienen cómo hacerlo.
Dentro de este maremagnun se me ocurre una idea, buena o mala, y es que los transportistas utilizaran en su totalidad el ferrocarril, pues mucha de esa carga va de puerto a puerto, no tiene nada que ver con el tránsito por la ciudad. Para ello tendrían que hacer arreglos con los concesionarios de esa empresa, cuidando de que los choferes que manejan los cabezales no se queden sin trabajo.
Eso contribuiría a aliviar un poco la situación al proporcionar mayor fluidez al movimiento automovilístico y por lo tanto la autonomía municipal no tendría problemas.
Como lo he expresado en Butacas anteriores, con voluntad y dándole vueltas al magín se pueden encontrar soluciones favorables a muchos problemas.
ITEM MíS: Si la Presidencia de la República y las diputaciones fueran ad honorem, ¿habría tantos aspirantes a esos cargos?