«Una golondrina…»


¿Quién de nosotros no ha observado el vuelo de un pájaro y sentido felicidad? La frase «una golondrina no hace verano» nos produce la reacción, la sensación, la alegrí­a de pensar que termina el invierno, que en los paí­ses del norte y sur implica dí­as grises sin sol, húmedos, frí­os que obligan a la población a permanecer más tiempo dentro de sus casas y con ello más propicios a la depresión.

Juan Francisco Reyes López
jfrlguate@yahoo.com

El 27 de enero de 2009, Prensa Libre en la página 12, bajo el tí­tulo «Un muerto en frustrado secuestro de ingeniero» y el subtí­tulo «Delincuencia, policí­a captura a arquitecto cuando escapaba con un cómplice» prácticamente condenó a Ví­ctor Manuel Arias Castillo en la noticia que a cinco columnas y con numerosas fotografí­as trasladó a la opinión pública. Entre otras cosas, la nota dice que el vehí­culo de color negro, propiedad del arquitecto Ví­ctor Manuel Arias Castillo, era uno de los tres vehí­culos con que se pretendió cometer el plagio del ingeniero Mynor Ronaldo Cabrera Navas.

 

Es mas, aunque el arquitecto Arias Castillo expresó que él era una ví­ctima que se disponí­a a parquear su vehí­culo cuando un hombre de unos 21 años lo amenazó con una arma y le ordenó que pasara al sillón contiguo al piloto, en uno de sus párrafos, Prensa Libre dice: «Sin embargo, en el ví­deo se observa que no hubo tiroteo y que Arias se cambia de lugar por voluntad propia». Igualmente, en la secuencia de fotografí­as publicadas, en la séptima fotografí­a dice al pie: «El piloto del auto negro, por voluntad propia, pasa al asiento contiguo y siguen al carro donde va la ví­ctima».

 

110 dí­as y varias comparecencias ante los tribunales transcurrieron. En todo ese tiempo, el Ministerio Público, a pesar que el secuestrado Cabrera Navas declarara desde el principio que los secuestradores le preguntaron, al cometer su fechorí­a, si el conductor del vehí­culo negro era su guardaespaldas y que él manifestó que no lo conocí­a, con lo que se corroboraba la inocencia del arquitecto Arias Castillo -como sucede en muchos casos de quienes se encuentran preventivamente detenidos- no reconocieron su error al capturar a un inocente. No fue sino gracias a la defensa y a la insistencia de los padres y familiares del inocente ciudadano que por fin el dí­a 15 de mayo de 2009 se ha producido su liberación y el sobreseimiento de la injustificada acusación como lo han publicado los medios televisivos y los medios escritos el 15 y 16 de mayo de éste año.

 

Preguntémonos ¿Quiénes deben de compensar a la familia y al arquitecto Arias Castillo por la injusticia cometida, por la falsa sindicación, por los daños y perjuicios que las publicaciones injustificadas le produjeron, por la angustia y la afectación que durante todo ese tiempo le causaron al no haber estado a lado de su padre enfermo, de su madre, de sus hermanos?

 

Quién le restituirá 110 dí­as que no pudo ver las estrellas, que no disfrutó, como él lo ha dicho, de los parques de Chiquimula, del frí­o de Xela, de la belleza del lago de Atitlán o simplemente de comer un plato de frijoles parados hechos en olla de barro, de tomarse un baño de agua caliente o de estar en su casa, en su dormitorio, disfrutando de una vida tranquila, lo cual no se puede hacer amenazado y limitado dentro de una celda.