En casi todos los textos de periodismo se utiliza esa expresión que atribuye a las gráficas en comunicación social una tremenda importancia. Y sin duda que eso lo entendió muy bien la diputada Nineth Montenegro, cuando se fotografió con la Secretaria de Estado de los Estados Unidos, Hillary Clinton, durante su breve estancia en Guatemala. Porque seguramente que la funcionaria norteamericana no tuvo mucho tiempo como para brindar esas «photo op» a muchos en el país, pero si lo encontró para reunirse con la diputada que viene librando una lucha intensa a favor de la transparencia.
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Es manifiesto el resentimiento y la enorme molestia que provoca en el Gobierno la exigencia que ha hecho durante meses enteros la diputada Montenegro para transparentar los datos de Mi Familia Progresa, al punto de que en los diferentes blogs que hay en los medios de comunicación en el país se observa una persistente campaña para señalarla como expresión de los grupos empresariales más poderosos del país. No faltan los que dicen que Nineth traicionó su origen político porque se ha puesto al servicio de la oligarquía, mientras que en sus inicios libró la lucha para que las víctimas de la brutal represión de la guerra encontraran apoyo mutuo. El caso es que la fotografía con la señora Clinton, reproducida en medios de prensa locales con una información que especifica que la Secretaria de Estado le manifestó a la diputada al Congreso de la República de Guatemala su solidaridad por la lucha tenaz que libra a favor de la transparencia, constituye un espaldarazo muy importante si lo relacionamos con la forma en que dicha funcionaria de Estados Unidos habló sobre los problemas fiscales de Guatemala, su apoyo irrestricto a una reforma tributaria en el marco del combate a la pobreza. En otras palabras, se trata de colegir que la lucha contra la pobreza no riñe en absoluto con las peticiones de transparencia, tesis que hemos sustentado también en este espacio de opinión. Es más, la idea es que para que el combate a la pobreza sea más efectivo y contundente, tiene que haber una sólida inversión que reclama dos condiciones indispensables. Mayor ingreso y recaudación fiscal para atender las necesidades de los más pobres, y mejor calidad del gasto para impedir que una estructura administrativa diseñada para alentar y facilitar la corrupción, permita fugas que afectan en última instancia el interés de quienes más ayuda necesitan. Negar que en Guatemala es posible meter la mano en el erario sin mayor dificultad es ignorar la realidad o querer tapar el sol con un dedo. Desafortunadamente durante muchos años de indiferencia social, se ha afianzado un sistema administrativo que permite el saqueo de los fondos públicos y el enriquecimiento ilícito en distintos niveles de la administración pública, por lo que todo empeño que se haga para fiscalizar el correcto uso de los recursos debe ser bienvenido y aplaudido por quienes desean hacer las cosas bien. Podría haberse dicho en otras circunstancias y con mentalidad muy radical que el apoyo de la señora Clinton viene a demostrar la «derechización» de la diputada Montenegro, pero cuando uno oyó lo que la Secretaria de Estado dijo respeto a la reforma fiscal y a la necesidad de atender seriamente el problema de la pobreza en Guatemala, debe entender que el respaldo va en otra dirección, positiva e importante para el futuro de Guatemala.