Una fiesta de lujo que puede resultar muy costosa


Una de las tradicionales bailarinas del Carnaval de Rí­o en su paso por el Sambódromo. FOTO LA HORA: AFP VANDERLEI ALMEIDA

Los cinco dí­as del Carnaval de Rí­o, que comenzó oficialmente el viernes, constituyen una fiesta en la que abundan la extravagancia y el lujo, y aunque muchos se divierten con los desfiles callejeros gratuitos, participar del frenesí­ puede llegar a exigir enormes cantidades de dinero.


La pujante economí­a de Brasil y una moneda local fuertemente apreciada el último año, sumados a los tí­picos aumentos de precios en temporada turí­stica, significan altos costos para los visitantes y los brasileños, sea que se hable de un hotel o de participar en un desfile.

Los números son ilustrativos, no solo para quienes pensaban en Rí­o como un lugar barato para vacacionar, sino para los cientos de miles de extranjeros que piensan venir a la ciudad para la Copa del Mundo 2014 y luego en 2016, para los Juegos Olí­mpicos.

«Son vacaciones realmente caras», dijo a la AFP Carl Farar, un trabajador de una fábrica de motores de Londres que comparte un cuarto de hotel de precio medio con un amigo, a dos cuadras de la playa Copacabana.

Carl Farar y su amigo, Ben Bradley, de 26 años, que trabaja en el área de seguros, gastaron cerca de 5.000 dólares cada uno para una estadí­a de 10 dí­as en Rí­o que les permitió escapar del invierno británico.

Farar, que viene a la ciudad cada año, dijo que todos los precios han subido de forma apreciable esta vez. No obstante, piensa que sigue valiendo la pena el esfuerzo: «Ni bien uno dice Rí­o, la gente dice «carnaval».

Sus gastos, sin embargo, son pequeños en comparación a los de los que se acoplan al turismo de lujo durante el carnaval.

En el hotel Copacabana Palace, un elegante y tradicional punto de referencia sobre la playa y uno de los dos mejores hoteles de Rio junto con el modernista Fasano ubicado en la playa de Ipanema, 5.000 dólares apenas cubre el costo de una noche en el cuarto más básico y por cierto, no hay lugares disponibles.

La suite del último piso cuesta 35.000 dólares la noche, incluyendo la propina obligatoria de 10% y los impuestos. Por supuesto que por estos dí­as está ocupada.

«Ahora está lleno a 100%», informó Claudio, recepcionista del hotel. El precio usual para el cuarto básico fuera de la temporada de Carnaval es de 500 dólares por noche, explicó.

Pero no solo los extranjeros tienen que pagar para participar en lo que los cariocas consideran «la mayor fiesta popular del planeta».

Según el influyente diario Folha de Sao Paulo, algunas reinas de baterí­a (percusión) de las escuelas de samba pagan hasta 160.000 dólares para asegurarse el lugar que con un poco de suerte las llevará a ser famosas.

La información fue difí­cil de confirmar incluso para Folha, ya que las escolas de samba insisten en que elijen a las jóvenes bailarinas por sus atributos fí­sicos y culturales.

Pero un miembro de la dirección artí­stica de otra escuela, Uniao da Ilha, dijo a la AFP: «Nuestra reina no pagó. Pero algunas de ellas en otras escuelas lo hicieron».

Las escuelas llegan a gastar varios millones de dólares para poner sus espectáculos en la avenida del Sambódromo, escenario del concurso de carnaval.

El dinero viene de varias fuentes que van desde los subsidios públicos, dinero de privados y empresas, un porcentaje de las entradas pagadas por el público que asiste a los desfiles, una fracción de los derechos de transmisión y la venta de disfraces para quienes quieren desfilar con la agrupación.

Un disfraz en la popular Mangueira, por ejemplo, cuesta unos 750 reales, alrededor de 400 dólares.

El público que asiste al desfile en el «Sambódromo», donde caben unas 100.000 personas en las gradas, puede sentirse afortunado si compró los ingresos en los primeros dí­as de venta.

Agotados rápidamente, los ingresos de precio medio pasaron de 180 reales (casi USD 100) el dí­a que se inició la venta, a más del doble si se intenta acceder a ellos mediante revendedores, e incluso casi el triple si se acude a agencias de turismo, según datos recogidos por la AFP.

Para algunos, como el caso del austrí­aco Paul Wirth, de 69 años, la experiencia de viajar a Rio vale el gasto.

«Estoy aquí­ para ver lindos colores, lindas chicas y creo, buena música», resumió, consultado por la AFP.