El hogar de ancianos de la Excelente Virtud, en los suburbios de Pekín, con todas sus habitaciones en la planta baja y su amplio jardín interior con huerta y hasta gallinero, es una rareza por partida doble en China: un establecimiento privado en un sector poco desarrollado.
Según el ministerio de Asuntos Civiles, este país de 1.300 millones de habitantes apenas contaba con 51.000 establecimientos para personas ancianas a fines de 2005, que alojaban a 800.000 personas.
Es una cifra muy baja en un país enfrentado a una crisis de envejecimiento, donde los mayores de 60 años representaban un 13% de la población en 2005, según estimaciones oficiales, o sea cerca de 170 millones de personas.
Ya agudo en Occidente, este problema de envejecimiento se ve aumentado en China por la rápida extensión de la esperanza de vida (de 49 años en 1949 a 71,4 años en 2005), la política de un hijo único y a una tasa de fertilidad que cayó a menos de 1,7.
«4-2-1: ésta es hoy la fórmula de la población china. Cuatro abuelos, dos padres y un solo niño», subraya Wang Yan, la directora y fundadora del hogar de ancianos «Jia De», o «La Excelente Virtud».
Su establecimiento equivale a una gota de agua en el mar. Abrió el año pasado y acoge a 140 jubilados en un marco coqueto y económicamente abordable.
«Tengo una pensión de 1.200 yuanes por mes (115 euros), y me alcanza», explica Li Xiulan, una ex costurera de 76 años, en el restaurante donde se celebran fiestas y se canta karaoke.
«Nuestros precios oscilan entre los 900 yuanes y los 1.700 (87 a 164 euros), según el grado de autonomía», afirma Wang Yan.
La solidaridad en China es más fuerte que en otros países. «Un 76% de la gente económicamente activa considera que debe subsidiar las necesidades financieras de sus padres», subraya el grupo de seguros francés Axa en un reciente estudio realizado por primera vez en China.
Quizás esto se deba a que en China el dinero público es una rareza, y a que menos de 51 millones de personas en 2005, entre los cuales sólo tres millones de campesinos, tenían derecho a una jubilación.
«China se tornará vieja antes de ser rica, al contrario de los países industrializados», indica un especialista del tema, Stuart Leckie, presidente de una empresa de gestión de fondos en Hong Kong, Stirling Finance.
«Es difícil saber cuánto dinero hay en las cajas. Pensamos que hay al menos 80.000 millones de dólares en dinero contante y sonante, pero los compromisos a largo plazo son estimados en entre 1.500 y 3.000 millardos», añade.
Según las cifras oficiales, uno de los componentes del sistema, el Fondo de Seguridad Social, creado en 2000 para el sector público, contaba a fines de 2006 con unos 327.000 millones de yuanes (unos 42.000 millones de dólares).
Pero sus dirigentes quieren al menos cuadriplicar esta suma en los próximos 15 años y comenzaron a diversificar las inversiones de la institución, incluido en el extranjero.
La proporción de las cotizaciones aumenta cada año: 174,87 millones en 2005, 189,63 millones a fines de marzo de 2007. Y con ello, los ingresos de las cotizaciones, que alcanzaron globalmente 152.500 millones de yuanes en el primer trimestre, un alza de 29,6% anual.
«Las pensiones se convertirán en una verdadera carga para China en 20 o 30 años. Pero la buena noticia es que el sistema podrá aunque sea financiar a algunos», señala Leckie.
«La reforma del sistema, iniciada hace una década, marcha por buen camino», estima.