Una desgarrada Sant Boi enterró a niños


Escenas de dolor son las que predominan luego de saber que niños murieron en el temporal que  pasó por España.  FOTO LA HORA: AFP JOSEP LAGO

Entre escenas desgarradoras, Sant Boi de Llobregat, suburbio de unos 80.000 habitantes a unos minutos de Barcelona (noreste), enterró este lunes a los cuatro niños muertos el sábado al derrumbarse un pabellón deportivo por el temporal que afectó a España.


Madre e hijo se abrazan  por la tristeza del fallecimiento de cuatro pequeños a causa de furia de la naturaleza que pasó por tierras españolas.  FOTO LA HORA: AFP  JOSEP LAGO

Unas dos mil personas asistieron este lunes, con frí­o y viento, para acompañar a cuatro desgarradas familias en el funeral de los niños, miembros de un equipo de béisbol, muertos el sábado al desmoronarse por el viento el polideportivo donde se habí­an refugiado del temporal.

En otro polideportivo, el de mayor capacidad de la ciudad y donde se improvisó un templo, tuvo lugar una emotiva misa por los pequeños deportistas fallecidos, oficiada por el obispo de la vecina localidad de Sant Feliú de Llobregat, Agustí­n Cortés.

Unas 500 personas, algunas de ellas mujeres llorando y asegurando estar «desde las ocho de la mañana esperando para entrar», tuvieron que quedarse fuera del Polideportivo La Parellada, reclamando inútilmente a la guardia urbana que les dejara pasar.

Uno de los momentos más intensos del acto fue la llegada de dos autocares grises que transportaban a los familiares de los fallecidos.

«Allí­ está mi familia», dice Manuel, el abuelo de Eric, uno de los fallecidos. «No he podido hablar con mi hija porque no podí­a ponerse al teléfono y sólo he podido hablar con mi yerno. Está deshecha y no es para menos», explica a AFP el abuelo que entra, silencioso y cabizbajo y se pierde detrás de los suyos.

«Vengo a pregonar a los familiares que nuestra presencia es un estimulante que ayuda a remontar la esperanza», dijo a AFP el obispo Cortés, a su llegada al recinto al que tuvieron acceso familiares, amigos y autoridades, entre ellas, el presidente regional catalán, José Montilla, la ministra de Defensa, la catalana Carme Chacón, y el conseller (ministro regional) de Interior, Joan Saura.

«No, no soy familiar, a Dios gracias. Vengo, impresionado, a solidarizarme con un dolor que podrí­a ser mí­o. Mi hijo empieza a «pelotear» en Santo Domingo, donde vive con mi mujer hasta que pueda traerlos. Y le dije que, si viniera, lo inscribirí­a en un equipo de aquí­», relata Felo Peña, dominicano residente en Sant Boi.

El improvisado templo se mantiene cerrado hasta la llegada de los familiares de las cuatro ví­ctimas. Entran por una puerta lateral y en el túnel que los lleva hacia el centro del pabellón se palpan el dolor, la pena y la rabia.

«Â¿Por qué a mi hijo?», es la pregunta sin respuesta que se oye a una madre, apoyada por su marido y un psicólogo.

Por el túnel donde tantas veces entran los deportistas para participar y hacer vivir una fiesta deportiva, esta mañana entra el dolor personificado. La Cruz Roja debe intervenir ante un desmayo. Dentro, los asistentes que no son familiares se ubican donde pueden.

En sus asientos les espera una esquela con el nombre de los cuatro niños y un texto: «Como una flor/ por siempre tu recuerdo en mi vida/, ha dejado una fragancia/ que nunca será desvanecida».

Preside el templo un también improvisado altar a cuya espalda cuelga un enorme mural negro.

El obispo Cortés –asistido en el oficio religioso por diez sacerdotes– les recordó a los familiares que no estaban solos.

Fue un oficio sin música ni coros. Sólo un joven latinoamericano se plantó ante un micrófono y con su guitarra cantó a «Cristo nuestro pastor» y un Ave Marí­a de Haendel se escuchó al finalizar la misa, uno de los momentos más emotivos que enrojecieron y empañaron los ojos de la mayorí­a de los presentes.

Entre ellos los integrantes de un equipo infantil de béisbol del FC Sant Boi, con sus chaquetas azules con el nombre en las letras tí­picas en rojo en sus espaldas.

Pasadas las 13H00 locales (14HS00 GMT), los cuatro féretros en furgones llenos de flores y una comitiva de dolor, abandonaron el recinto hacia el cementerio.