Una defensa de doble filo para los jóvenes británicos


La reciente multiplicación de las muertes por arma blanca entre los jóvenes británicos se explica en primer lugar por el sentimiento de inseguridad, que les incita a buscar una manera de protegerse, estiman los expertos, y algunos coinciden que es «moda».


Una serie de agresiones mortales a adolescentes cometidas por otros jóvenes ha conmocionado a Gran Bretaña en los últimos dí­as. Anoche, un joven de 18 años murió apuñalado en Londres, elevando a 21 el número de adolescentes asesinados por arma blanca desde principios de este año.

El fenómeno, observado ya en 2007, ha sorprendido ahora por su amplitud. «Recientemente, hemos asistido al nacimiento de una tendencia inquietante respecto a los crimenes con arma blanca», reconoció este fin de semana uno de los directores adjuntos de Scotland Yard, Alf Hitchcock.

«Hemos constatado delitos cada vez más graves y un cambio preocupante en la edad, tanto de las ví­ctimas como de los agresores», que ha pasado de 17-22 años a 12-17 años, explicó.

El hecho de que los adolescentes sean cada vez más vulnerables al temor de ser ví­ctimas «podrí­a ser un elemento importante para explicar por qué llevan una navaja», analiza Gloria Laycock, directora del Instituto Jill Dando de ciencia del crimen de Londres. «Ellos mismos tienen miedo de ser agredidos».

Según un estudio de 2006 realizado por el ministerio del Interior, 85% de los jóvenes que llevaron una navaja en algún momento del año anterior lo hicieron para protegerse. Un 42% de los jóvenes ví­ctimas de agresión cometieron después una, frente a sólo un 19% que nunca ha tenido problemas.

«Los jóvenes piensan que la vida en determinados barrios es tan peligrosa que sienten la necesidad de tener un arma para la defensa propia», considera Douglas Sharp, antiguo oficial de la policí­a del condado de West Midlands.

«La mayor parte de esta violencia no está ligada a otras formas de criminalidad, como batallas por territorios de droga o algo por el estilo, sólo son disputas banales que degeneran demasiado rápido», añadió Sharp, también director del Centro de investigación de justicia criminal de Birmingham.

Otra novedad, las últimas muertes se han dado en plena calle, en barrios muy transitados de grandes ciudades, a la salida de bares y discotecas. Antes las agresiones tení­an a menudo carácter «doméstico», puntualiza Laycock.

«No creo que esto haya tenido que ver con ninguna causa social, como la economí­a o la negligencia de los padres, porque todo ha llegado demasiado rápido», observó. «

Yo pienso que es una especie de moda. A los jóvenes se les ha metido en la cabeza que es más moderno llevar una navaja». «Está más ligado a su imagen que a algo realmente importante», estimaba la directora. «No creo que salgan a la calle diciendo:»Voy a matar a alguien». Más bien dicen:»Con un cuchillo voy a parecer más guay»».

Esta tesis ha tenido cierto eco en los medios, que han publicado fotos encontradas en páginas web sociales de jóvenes empuñando con orgullo cuchillos o incluso machetes. Pero no ha sido unánime.

«Yo discrepo con la idea de que sea una moda», declaró Roger Grimshaw, profesor del Centro de estudios de crimen y justicia de Londres. Los estudios muestran que ahora los jóvenes «tienen más probabilidades de haber sido ví­ctimas o de padecer una agresión», argumenta.

«De manera que no es una moda. Se sienten amenazados e intentan calmar su miedo convirtiéndose en una amenaza».