Una comunidad española amenazada


Unos policí­as montan guardia en una zona de conflictividad en la región vasca. La tensión por el separatismo eusquera sigue aumentando, incluso ahora que se acercan las elecciones en España.

El pueblo vasco de Lizartza vive desde hace meses una situación atí­pica: es una localidad independentista con una alcaldesa de derecha, Regina Otaola, que ha sido amenazada de muerte y tiene que acudir al ayuntamiento bajo fuerte escolta.


Y ello porque en este «territorio comanche», como lo llama Otaola, se presentaron sólo dos partidos a las elecciones municipales de mayo, el Partido Popular (PP, conservador) y Acción Nacionalista Vasca (ANV).

Pero la lista electoral de ANV fue anulada junto con otras 132 en el Paí­s Vasco, ya que la justicia estimó que sus candidatos tení­an ví­nculos con la ilegalizada formación Batasuna, brazo polí­tico de la organización independentista armada ETA.

«Hay una parte de los vecinos que son ANV, que no nos admiten ni nos admitirán jamás, porque son parte de ETA-Batasuna», resumió en una entrevista con la AFP.

El PP obtuvo 27 votos y todos los puestos del ayuntamiento, ocupados por seis ediles que no son de Lizartza.

Y esto en un feudo en el que durante 10 años ha gobernado la izquierda independentista y posteriormente el Partido Nacionalista Vasco (PNV, moderado) durante cuatro años en los que su alcalde, de fuera del pueblo, también fue criticado.

En septiembre, durante las fiestas locales, Otaola fue insultada y amenazada («Vas a morir») por poner la bandera española en la fachada del ayuntamiento junto a la ikurriña «en cumplimiento de la legalidad», explica, negando que vaya a «españolizar Lizarza», ya que «el Paí­s Vasco es España».

Para esta mujer de 55 años, vivir escoltada no es nuevo: tiene guardaespaldas desde hace 12 años, mientras ha sido concejal de su pueblo, Eibar.

Ni ella ni los concejales viven en Lizartza, y cuando van, lo hacen rodeados de policí­a. «No podemos tener nunca rutinas (…) ni vamos todos los dí­as, ni vamos los mismos dí­as (…) por seguridad.

Lo de las amenazas tampoco es nuevo, aunque «ahora es más focalizado porque (…) eres la alcaldesa y estás tomando una serie de medidas que no les gustan».

Esas medidas son, además de la bandera, quitar las pintadas en las fachadas, que cada tanto vuelven a aparecer, emitir los documentos oficiales en español y en euskera, y no sólo en lengua vasca, quitar los anagramas en favor del acercamiento de los presos etarras y manifestarse para condenar actos de ETA.

Contraste en Lizartza

La mayorí­a de los 600 vecinos de Lizartza no parecen querer a su alcaldesa de derechas; es lo que se deduce de su silencio y de la proliferación de banderas vascas que adornan el pueblo.

Las ikurriñas y pancartas en favor del acercamiento de los presos vascos compiten en los balcones de la plaza con la enseña española colocada por la alcaldesa, Regina Otaola, en la fachada del ayuntamiento.

Las pintadas, en la alcaldí­a y en las casas, decoran el pueblo con sus lemas a favor de «amnistí­a y libertad» y sobre la organización independentista armada vasca ETA.

Entre ellas destacan tres: «Otaola, lurpera» (Otaola bajo tierra), «Otaola kanpora» (Otaola fuera) y «ospa» (largo).

«Es una usurpación de poder sin sentido», dice un vecino sobre la situación en el ayuntamiento.

Que la alcaldesa y los seis concejales sean del conservador Partido Popular (PP) es «ilógico», insiste.