Una clase política para el olvido


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Todos celebramos la llegada de la democracia como el único instrumento que permita relaciones sociales estables, en el marco de la tolerancia de ideas, la libertad de expresión, la libertad de organización y locomoción y el respeto a los derechos humanos consagrados en la Constitución Política del país.

Juan José Narciso Chúa


Seguramente la Constitución requiere de algunas precisiones y mejoras, pero igual constituye el pacto social sobre el cual hoy se desenvuelve nuestra sociedad, las reglas del juego están establecidas, las instituciones democráticas funcionan, existe libertad de ideas, la libertad de expresión es una muestra de ello.
Ahora la pregunta es: ¿cómo se ha comportado nuestra clase política para concretizar todos esos anhelos que consigna la Carta Magna?  Cuando se habla de clase política se condensa aquellos que se encuentran vinculados a la esfera gubernamental, así como los diputados y los magistrados de las diferentes cortes.  Si consideramos que hemos vivido en ejercicio democrático durante los últimos 26 años, significa que hemos visto una cantidad significativa de políticos que han tenido la oportunidad de ejercer funciones destinadas a cumplir los mandatos que establece nuestra Constitución.
¿Qué ha ocurrido?  Desafortunadamente ninguno ha tenido la menor idea de establecer las bases fundamentales de una nación unida, ni mucho menos de perfilar una sociedad más equilibrada y solidaria.  Los únicos rasgos comunes  de los equipos de gobierno, cortes y congresos, han sido dos: La corrupción y su indolencia e irresponsabilidad con los problemas nacionales.
De otra forma, no se puede comprender cómo la demanda por los servicios públicos se ha incrementado notablemente pero contradictoriamente la oferta institucional de servicios sigue siendo insuficiente, deficiente y mínima; solo un par de vistazos a la salud pública, a la educación pública, a la seguridad social, a la vivienda, al empleo y a la seguridad social, bastan para darse cuenta que ninguno se ha interesado e implementado políticas públicas coherentes que apunten a un cambio significativo en una matriz social que sigue siendo excluyente.
Ni siquiera se ha pretendido un cambio de la visión sectorial que data de las dictaduras militares, hacia propuestas novedosas en la asignación presupuestaria, que tenga sentido con lo que pretende hacerse con el  presupuesto en su visión redistributiva.  Se sigue apostando a lo mismo, únicamente se maquillan programas con nombres interesantes, pero en el fondo, nada.
Con la administración actual se destaca otro de los rasgos comunes a todos los gobiernos, ninguno ha intentado un pacto básico la cuestión tributaria su contraparte presupuestaria y acá aparece el crecimiento desmedido de la deuda pública y un gobierno que le da las espaldas al pueblo y cancela el futuro de nuestra sociedad, incrementando irresponsablemente la deuda pública, estableciendo presupuestos deficitarios y postergando medidas serias que abonen a la competitividad, el empleo y principalmente la dignificación y equilibrio de nuestra sociedad.  Mucho que hacer, pero con una clase política irresponsable y corrupta, ¿hacia dónde vamos?