La nación existe porque hay quienes la describen y, al hacerlo, le dan forma a realidades, ideas, costumbres. De ese modo, sentenciado por Monsiváis en su discurso de la crónica periodística, se establece la necesidad de nutrir en la memoria colectiva los momentos históricos de las sociedades.
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Basta con detenerse en un minúsculo tiempo para contemplar -e indignarse, basta recordar-, lo complejo e imperfecto que parece el imaginario país en que nos movemos diariamente. Procuro por ejemplo, divorciarme de esos nacionalismos cívicos-milicianos adquiridos en la educación formal y entender que un grueso número de la población puede percibirse a sí mismo como un extranjero en la propia tierra. Porque carecemos de identidad y porque en cada momento se buscan las diferencias y menos simpatías.
Todos los días nos topamos con gente que se avergí¼enza de la otra gente. Y si es indígena, peor. Condición aparte que ha servido durante muchos años para consagrarse la hegemonía de los que sin sentirse guatemaltecos, adoptan a los guatemaltecos como medios de producción. Así se han ido formando las enormes zanjas sociales que han hecho ajena la palabra cohesión del imaginario colectivo.
En ese contexto de evidenciarnos débiles y construirnos fuertes, llega oportuna la celebración del Foro Social que ha dejado hondas huellas en los otros países en que se han congregado los sectores progresistas de América Latina.
Se abre el debate. Hay un abanico amplio de temas, pero con un eje central que podría constituirse como la igualdad de los pueblos y la transformación de la conciencia social para desarrollar, más allá de un pensamiento crítico, una visión amplia sobre las iniciativas de cambio social.
No hay una sede mejor para el desarrollo del Foro Social de las Américas, y es que la Universidad de San Carlos se ha visto desgastada perdiendo fuerza en su lucha histórica de la que se sentían identificadas muchas generaciones. Será una semana con una buena oportunidad para participar y verse reflejado en los espejos de América Latina. Con ello lograr que en la descripción de nuestras sociedades la realidad no duela tanto.