Es indudable que el caso del abogado Rodrigo Rosenberg y los señalamientos que formuló mediante un video grabado antes de su asesinato responsabilizando del mismo al Presidente de la República, a su esposa, a su secretario privado, y a otras personas, constituye una brasa para la justicia.
Las asombrosas revelaciones del profesional del Derecho han originado un escándalo político con repercusiones no sólo nacionales sino también internacionales, al grado que los ojos de todo el mundo están puestos sobre Guatemala.
A estas alturas es difícil dudar de la autenticidad del video y como dijo ayer el ex presidente Vinicio Cerezo durante una entrevista radial, lo que se va a tener que discutir a nivel de la justicia y de los sectores políticos, es la veracidad de las acusaciones, pues las mismas son muy serias y obligan a los funcionarios del gobierno y al gobierno mismo, a brindar todo el apoyo que sea necesario para que las instituciones del Estado puedan llevar a cabo la investigación dentro de un marco de total independencia.
Desafortunadamente, el caso se está desviando hacia una politización que podría resultar peligrosa para el futuro de la institucionalidad democrática de Guatemala.
En clara referencia a la grave crisis que afronta el país, en la que incluso algunos sectores están demandando la renuncia del presidente de la República, ílvaro Colom, conviene subrayar que son comprensibles y legítimas las exigencias de los familiares, amigos del licenciado Rosenberg, para que este caso no quede en la impunidad. Pero también es legítimo el derecho de la presunción de inocencia que garantizan las leyes del país para las personas acusadas en el video, mientras no haya un fallo firme de los tribunales competentes.
En este sentido es oportuno el llamado que en las últimas horas formuló el Consejo de la Unión Europea (UE) reunido en Bruselas, para que los diferentes sectores del país actúen en este caso con cordura, prudencia y madurez.
Coincidimos plenamente con el planteamiento de los europeos, sobre que se debe privilegiar una investigación imparcial e independiente, a la altura de las trágicas circunstancias que hoy tienen hundido al país en una vorágine de impredecibles consecuencias.
Consideramos que la presencia de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala, CICIG, organismo de las Naciones Unidas, acompañando la investigación a cargo del Ministerio Público, es una garantía para el desarrollo de las pesquisas. Pero hay que dejar trabajar a sus miembros sin presiones de ninguna naturaleza, para que al final sea posible conocer la verdad. Hasta ahora no hay razón para dudar de la objetividad ni de la autonomía de esa Comisión.