La violencia nos consume. Día tras día las noticias informan de muertes y guerras sin cuartel, que nos desangran y nos hacen vivir una existencia poco dichosa. Algo hay que hacer. Tenemos que poder emprender acciones positivas para terminar con eso y empezar de nuevo donde quizá un día estuvimos.
Para entendernos mejor, definamos la violencia. Giuliano Pontara, en el Diccionario de ética y de filosofía moral, dice que ésta se refiere a «toda acción (cometida u omitida), llevada a cabo como parte de un método de lucha, que implica el homicidio de una o varias personas o que supone que se les inflijan sufrimientos o lesiones físicas o psíquicas; de manera intencional, y contra su voluntad».
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¿A qué obedece que algunos se sientan movidos a «accionar» contra otros? ¿Por qué infligir sufrimientos, lesiones físicas o psíquicas de manera intencional? Por comodidad podríamos concluir indicando que se trata de un misterio más ubicado en el corazón del hombre. Pero, por amor a la justicia, precisemos que algunos han hecho esfuerzos en busca de una explicación más racional.
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Nicola Abbagnano, por ejemplo, en su Diccionario de filosofía, indica que aunque para Aristóteles la violencia era contraria al orden o disposición de la naturaleza, algunos pensadores la han exaltado por motivos políticos. Y cita a Sorel cuando afirma que «El socialismo debe a la violencia los altos valores morales con los cuales lleva la salvación del mundo moderno».
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Popper, continúa Abbagnano, insistió en los nexos entre violencia y mentalidad utópico-revolucionaria, afirmando que el utópico, estando intoxicado por la «verdad» de la que se considera portador y misionero, tendrá tendencia a imponer a los demás, aun por la fuerza, su proyecto de sociedad.Â
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Para Abbagnano, el pensamiento del siglo XX insistió aún más en los nexos entre violencia y metafísica, acusando a esta última: a) de oprimir y atropellar lo individual en nombre de lo universal (Adorno); b) de disolver al Otro en el Mismo (Lévinas); c) de identificar al ente con la nada y de reducirlo a objeto de manipulación técnica (Severino); d) de recurrir a un Grund que ya no deja opción a ulteriores demandas: «hacer callar toda demanda ulterior con la perentoriedad autoritaria del primer principio me parece (…) la única definición filosófica posible de la violencia» (Vattimo).Â
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Entonces, si nos atenemos a los autores antes citados, no debe sorprendernos la «voluntad de poder» que impregna la naturaleza humana y mueve al control y dominio de los más débiles para beneficio del fuerte. En Guatemala, la prueba está a la vista. El diario elPeriódico, por ejemplo, informó hoy que «el año más sangriento para esta población fue el 2007 con 220 víctimas, seguido de 2009 con 133. En 2010 se ha registrado el deceso por causas bélicas de 117 féminas comprendidas en el mencionado rango de edad».
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¿Podemos enfrentar la violencia y escapar de su cruel círculo o tenemos que resignarnos a ella? Me temo que algo se pueda hacer. Continuaré en la próxima.