Una aproximación al tema de la violencia


 La violencia nos consume.  Dí­a tras dí­a las noticias informan de muertes y guerras sin cuartel, que nos desangran y nos hacen vivir una existencia poco dichosa.  Algo hay que hacer.  Tenemos que poder emprender acciones positivas para terminar con eso y empezar de nuevo donde quizá un dí­a estuvimos.

Eduardo Blandón

Para entendernos mejor, definamos la violencia.  Giuliano Pontara, en el Diccionario de ética y de filosofí­a moral, dice que ésta se refiere a «toda acción (cometida u omitida), llevada a cabo como parte de un método de lucha, que implica el homicidio de una o varias personas o que supone que se les inflijan sufrimientos o lesiones fí­sicas o psí­quicas; de manera intencional, y contra su voluntad».

 

¿A qué obedece que algunos se sientan movidos a «accionar» contra otros?  ¿Por qué infligir sufrimientos, lesiones fí­sicas o psí­quicas de manera intencional?  Por comodidad podrí­amos concluir indicando que se trata de un misterio más ubicado en el corazón del hombre.  Pero, por amor a la justicia, precisemos que algunos han hecho esfuerzos en busca de una explicación más racional.

 

Nicola Abbagnano, por ejemplo, en su Diccionario de filosofí­a, indica que aunque para Aristóteles la violencia era contraria al orden o disposición de la naturaleza, algunos pensadores la han exaltado por motivos polí­ticos.  Y cita a Sorel cuando afirma que «El socialismo debe a la violencia los altos valores morales con los cuales lleva la salvación del mundo moderno».

 

Popper, continúa Abbagnano, insistió en los nexos entre violencia y mentalidad utópico-revolucionaria, afirmando que el utópico, estando intoxicado por la «verdad» de la que se considera portador y misionero, tendrá tendencia a imponer a los demás, aun por la fuerza, su proyecto de sociedad. 

 

Para Abbagnano, el pensamiento del siglo XX insistió aún más en los nexos entre violencia y metafí­sica, acusando a esta última: a) de oprimir y atropellar lo individual en nombre de lo universal (Adorno); b) de disolver al Otro en el Mismo (Lévinas); c) de identificar al ente con la nada y de reducirlo a objeto de manipulación técnica (Severino); d) de recurrir a un Grund que ya no deja opción a ulteriores demandas: «hacer callar toda demanda ulterior con la perentoriedad autoritaria del primer principio me parece (…) la única definición filosófica posible de la violencia» (Vattimo). 

 

Entonces, si nos atenemos a los autores antes citados, no debe sorprendernos la «voluntad de poder» que impregna la naturaleza humana y mueve al control y dominio de los más débiles para beneficio del fuerte.  En Guatemala, la prueba está a la vista.  El diario elPeriódico, por ejemplo, informó hoy que «el año más sangriento para esta población fue el 2007 con 220 ví­ctimas, seguido de 2009 con 133. En 2010 se ha registrado el deceso por causas bélicas de 117 féminas comprendidas en el mencionado rango de edad».

 

¿Podemos enfrentar la violencia y escapar de su cruel cí­rculo o tenemos que resignarnos a ella?  Me temo que algo se pueda hacer.  Continuaré en la próxima.