Un tsunami social y económico


Ayer, al hablar ante los empresarios de la industria textil, especialmente dedicados a la maquila, el presidente Colom dijo que era necesario adoptar medidas para enfrentar lo que llamó un tsunami social y económico que afecta al mundo entero. La verdad es que esta crisis que empieza a manifestarse y cuyos efectos principian a reflejarse en la vida nacional, sí­ tiene las caracterí­sticas del tsunami por su efecto devastador.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

Hay que agregar que en el caso de Guatemala, a diferencia de lo que ocurre con un tsunami, no basta con hacernos a un lado como ocurrirí­a con una evacuación, sino que de todos modos nos dará de frente la fuerza de la ola porque nuestras peculiares condiciones de pobreza nos hacen mucho más vulnerables que otras sociedades frente al problema. Me agradó, sin embargo, leer que el Presidente dijo que las crisis también ofrecen grandes oportunidades para quien sabe encararlas con determinación y ese puede ser nuestro caso para cambiar muchas cosas que en el paí­s vienen mal desde hace mucho tiempo y que ahora, por fuerza de las circunstancias, deberemos modificar.

A una de ellas se refirió ayer el Presidente y es que los industriales de la maquila se quejan del daño que les provoca el alto costo de la energí­a eléctrica en Guatemala, que rebasa con mucho las tarifas vigentes en otros paí­ses. Y es que desde hace mucho tiempo y con las excepciones de la propuesta de írbenz para construir Jurún Marinalá y el plan maestro de electrificación que se diseñó en tiempos de Laugerud, el paí­s ha centrado su inversión en la generación de energí­a térmica que se produce quemando combustibles derivados del petróleo. Hay que recordar que en el gobierno del general Arana el INDE se concretó a instalar plantas térmicas y cuando vino la crisis del petróleo a mediados de los años setenta, nos dimos cuenta de cuán crí­tica era nuestra situación.

Aquella crisis obligó a la contratación del estudio que iniciaba con Aguacapa y Chixoy y que tení­a que continuar durante varios años con otras presas. Pero el general Rí­os Montt lo detuvo por las anomalí­as en la construcción de Chixoy, que de todos modos no fueron nunca probadas ni llevaron a nadie a la cárcel, y se frenaron Chulac y Xalalá y con ello todo el plan maestro de electrificación.

En otras palabras, la crisis del petróleo de los años setenta nos dejó por lo menos Chixoy y ojalá que esta crisis mundial nos permita abrir los ojos para entender que nuestro esfuerzo tiene que estar en cambiar las formas de generación de energí­a y abandonar aquellos contratos leoninos que sucesivos gobiernos han suscrito con generadores privados que instalan plantas térmicas para vender energí­a que cuesta un ojo de la cara. Por cierto que ya costaba un ojo de la cara antes de la crisis actual y ahora ese valor se incrementa exponencialmente.

Que nos viene un tsunami social es indiscutible porque el impacto de la crisis económica tendrá enormes repercusiones en medio de una población con tan altos í­ndices de pobreza. Y aunque no es la parte más importante del tema, también hay que ver que tendremos un tsunami polí­tico con efectos en la gobernabilidad porque los niveles de insatisfacción generarán protestas en el paí­s. Para todo ello hay que estar preparados porque si bien no podremos contener la ola, por lo menos deberemos aprender a nadar.