La crisis política en Honduras se complica cada día más y es evidente que se están agotando los espacios para que el presidente Manuel Zelaya pueda volver al ejercicio del poder porque en la estructura del Estado no cuenta con ninguna institución que esté dispuesta a acatar su autoridad, pero también la postura del señor Roberto Micheletti, proclamado presidente como resultado del golpe de Estado, es insostenible ante la comunidad internacional.
Una crisis de esa magnitud requiere de negociación y acuerdos entre los distintos sectores y nos parece que la realidad política está evidenciando que ninguno de los dos «presidentes» tiene efectivamente la legitimidad para dirigir los destinos de ese país en los poco más de seis meses que faltan para que asuma la Presidencia quien resulte electo en las elecciones del próximo mes de octubre. Ni siquiera la idea de adelantar las elecciones tiene gran viabilidad, porque el vacío de poder subsistiría aun y cuando se lograra imprimir papeletas y acelerar la realización de los comicios, cosa que no es fácil por la logística que implica una elección general.
Zelaya, de volver al poder, tendría que meter presos a todos los miembros del Ejército que han participado no sólo en su captura y expatriación, sino en el bloqueo del aeropuerto para impedir su retorno. Tendría que ordenar la captura de los diputados que falsearon lo de su renuncia y posiblemente de los magistrados de la Corte Suprema y del fiscal que han diligenciado su caso para llevarlo a la cárcel. En esas condiciones, con toda la prensa en contra, haciéndose eco del empresariado nacional y buena parte de la población adversando su retorno, el apoyo internacional es un pobre apoyo a la hora de ver las cosas con realismo político.
Pero Micheletti no está en mejores condiciones, puesto que nadie lo reconoce y es obvio el origen espurio de su mandato porque es producto del cuartelazo que se materializó cuando los militares sacaron a Zelaya de Honduras en pijama.
Por ello sostenemos que se impone el uso de la razón y que con visión patriótica se establezca un proceso de negociación en el que seguramente tendría que salir un tercero en discordia para asumir el poder ante la inviabilidad de que Zelaya y Micheletti puedan gobernar efectivamente durante los seis meses siguientes.
Aceptar a Micheletti es admitir el golpe de Estado que resulta totalmente inadmisible. Pero Zelaya está en condiciones que le impiden gobernar eficazmente porque nadie le haría caso, nadie acataría su autoridad y estaría cantada una crisis causada por el divorcio entre su presidencia y el resto de las instituciones públicas. Por ello, la comunidad internacional debe cambiar el discurso.