El Presidente de la República anunció cambios en la cúpula militar y para justificar sus decisiones las enmarcó en el tema de la seguridad nacional y la necesidad de que las fuerzas armadas desempeñen un papel activo importante en el rescate del control de parte del territorio, especialmente puntos fronterizos, que actualmente no tienen ni vigilancia, mucho menos dominio efectivo de las autoridades.
La verdad es que el tema de la seguridad nacional es sin duda alguna el más complejo que tiene que encarar el Gobierno y si hace falta que todos los sectores se involucren en la búsqueda y promoción de acciones para contrarrestar el deterioro existente, hará falta una propuesta coherente que haga partícipes tanto a todos los estratos de la administración pública, como a los diferentes sectores de la sociedad guatemalteca. Creemos que en situaciones de crisis como la que actualmente se está viviendo en Guatemala, es absolutamente necesario que sin criterios partidistas ni divisionismos torpes, se establezca un pacto social de gran envergadura y mayor alcance que convierta ese tema en la prioridad número uno de todos.
Hace falta, desde luego, entender el problema y que el Gobierno pueda ejercer un liderazgo positivo para lograr la plena participación de todos los sectores mediante propuestas lógicas y concretas que nos hagan a los ciudadanos ver que se puede lograr éxitos en la lucha contra el crimen organizado que nos está ganando la partida. No es un tema para la demagogia ni los aspavientos, mucho menos para la improvisación y búsqueda de protagonismo. Podemos anticipar que el éxito o el fracaso de una convocatoria a un pacto social sobre la materia estará muy ligado a quién haga la exposición, asumiendo el liderazgo y qué es lo que nos propone.
De entrada, si el tema está relacionado hasta con el papel que tienen que desempañar las fuerzas armadas, lo cual siempre genera conflictos y dificultades por los resquemores que dejó el conflicto, se requiere de exposiciones muy serias y nada improvisadas para que todos sepamos a qué atenernos y podamos asumir nuestra cuota de compromiso. Porque obviamente el gobierno representado por el Presidente, deberá ejercer liderazgo y poder de convocatoria, pero sin la participación decidida de todos no se logrará ningún resultado.
Es un tema en el que no vale la improvisación porque no tenemos tiempo que perder. Y evidentemente corremos enormes riesgos de no avanzar, porque cada día que pasa aumenta el número de víctimas mortales y, lo peor de todo, se consolida esa cultura de la muerte que hoy en día es característica de nuestro comportamiento social.