Un soñar permaneciendo despiertos


«La esperanza es el sueño del hombre despierto». Martin Luther King. Nuestra esperanza nace de nuestras ensoñaciones, de nuestros deseos e ilusiones con fe y creencia desde nuestro interior que la vida nos ofrece opciones, alternativas ante cualquier situación. Por más problemática y difí­cil que sea.

Dra. Ana Cristina Morales Modenesi
crismodenesi@gmail.com

Ví­ctor Frankl plantea que no hemos de buscarle el sentido a la vida sino que cada quien debe responder por su propia vida, o sea que, pensar en preguntar ¿Qué estoy dispuesta/o a darle a la vida? En lugar de, ¿Qué es lo que la vida nos da? y sólo con responsabilidad podemos contestarle a la vida.

En el artí­culo anterior solicitaba y continúo haciéndolo la colaboración de las/los lectores para seguir abordando este tema. Agradezco a quienes la han proporcionado, hemos de considerar que por fortuna la psiquiatrí­a abarca múltiples temáticas, ya que esta rama de la medicina aborda todas las experiencias vitales del ser humano.

Dentro de las contribuciones de algunos de los lectores podemos mencionar lo siguiente:

Existe una necesidad de un cambio de actitud en la población guatemalteca, del derrotismo y pesimismo al pensamiento y el actuar positivo Que no podemos continuar quejándonos que es posible establecer cambios desde nosotras/os mismos, en la familia, en el trabajo.

Que es pertinente encontrar una luz que nos ayude a luchar por la vida de manera asertiva. Que de alguna manera si no hacemos nada, permitimos que los errores y horrores continúen perpetuándose dentro de nuestras existencias. Y para ello la enseñanza y el fortalecimiento de valores y derechos humanos es necesario.

Dentro de este actuar positivo cabe decir, que muchas de nuestras decepciones de no recibir lo que deseamos o esperamos, realmente pueden ser vistas como oportunidades de obtener algo mucho mejor de lo que esperábamos obtener de la vida. Y que parte del placer de vivir a plenitud la vida es precisamente ser partí­cipe tanto de nuestras alegrí­as como de nuestras dificultades dentro del diario vivir.

Que la esperanza no es fingir que no existen los problemas, es realmente la forma más exacta de encontrar las soluciones, que nos brinda la vida cotidiana.

Que lo que universalmente se conoce como esperanza es la capacidad humana de levantarse de tal manera que nos mantiene vivos a la espera de una mejor ventura.

Para muchos nuestras creencias religiosas en la existencia de un Dios nos ayudan a mantener vivo el espí­ritu de la esperanza. Que también se traduce en tener fe, fortaleza y confianza, pensar en un futuro y también agregarí­a en nuestro presente.

Frankl también nos plantea dentro de lo mucho escrito por él otra cita que nos puede ayudar a reflexionar acerca de nuestra actitud ante la vida, relacionada de manera profunda con la esperanza; «Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas, la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias para decidir su propio camino».

La esperanza ha sido descrita como el único bien que la humanidad posee, incluyendo a quienes ya lo han perdido «todo». Constituyéndose en un valor activo y no pasivo.

Que tiene tres etapas: 1. La visualización de un deseo provechoso para nosotras/os en lo personal y en lo social; 2. El camino y los obstáculos que hemos de enfrentar en relación a su realización; 3. Y por último lo que necesitamos hacer y tener para alcanzar ese bien.

De nuestras ensoñaciones y deseos vehementes con el esfuerzo por alcanzarlos y la creencia en esta posibilidad, nace la esperanza.

La esperanza como valor humano suele perderse por dos causas: la desesperanza y la indiferencia.

La desesperanza es la fuerte convicción de que lo que deseamos nunca lo obtendremos por más que hagamos en nuestras vidas. Ante circunstancias injustas e impunes que se repiten de manera frecuente aprendemos a vivir la impotencia y de alguna manera, nos paralizamos en la vida; y con la indiferencia preferimos ignorar la realidad.

Para concluir menciono nuevamente una cita de Martin Luther King: «Si ayudo a una sola persona a tener esperanza, no habré vivido en vano».