La fragilidad de todos los sistemas en Guatemala es pasmosa y por supuesto que el servicio de energía eléctrica no escapa a esa constante. En diez días hemos sufrido en el país dos prolongados cortes a nivel nacional que demuestran la vulnerabilidad del sistema de distribución porque basta un rayo para paralizarnos a todos y eso que apenas está empezando la temporada de lluvias, lo que nos indica que durante los próximos seis meses podemos pasar muchas horas sin energía.
Las autoridades consideran como «normal» que ocurran estos apagones de tanta duración y que afectan todo el territorio nacional, pero la verdad es que cualquier persona que ha viajado sabe que en otros países es en realidad algo extraordinario una falla de esa magnitud y, cuando se da, la reparación es realizada con absoluta diligencia y en el menor tiempo posible. Ayer escuchábamos al Presidente de la Comisión Nacional de Energía Eléctrica informando sobre la causa del apagón, atribuida a fenómenos electroatmosféricos, pero no abordó el tema de la fragilidad del sistema y su elevada vulnerabilidad.
Las pérdidas para el país son enormes por esos apagones, puesto que no sólo se detiene la actividad económica sino que se dañan muchos aparatos eléctricos y se altera el tránsito por la falta de semáforos, lo que causa embotellamientos de grandes proporciones durante los cuales se quema mucho combustible y, por si fuera poco, se consume también la paciencia de los conductores; eso produce más incidentes de los que ya forman parte de nuestra normalidad vial.
Las tempestades propias de estas épocas del año han ocurrido siempre, pero no se puede decir lo mismo de estos apagones que ahora se suceden con más frecuencia, lo que evidencia que hay serios problemas en las plantas generadoras, las transformadoras o en las líneas de transmisión, por lo que es urgente que la Comisión Nacional de Energía Eléctrica actúe para obligar a los operadores de todos esos sectores relacionados con la electricidad a mejorar la eficiencia para no perjudicar a los habitantes del país. La forma en que los circuitos se han interconectado supone una mayor eficiencia para el sistema y con ello se pretende reducir la incidencia de fallas, pero como en Guatemala todo se hace al revés, en lugar de mejorar la calidad del servicio y facilitar el suministro a regiones que puedan quedar sin energía en caso de una falla, lo que sucede es que un rayo basta y sobra para dejar a todo el país sin energía eléctrica mientras los técnicos encuentran el lugar de la falla y luego se dan el tiempo para repararla, lo cual es francamente insoportable.