Un símbolo: Guillermo Méndez Santizo “GMS”


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Si hay un símbolo guatemalteco que realmente cura las quemaduras de la piel, es la famosa pomada GMS. A mí me consta, pues a los 13 años, en un mal momento -en una excursión de los scouts-, resulté quemado al derramar agua hirviendo en una pierna. Posteriormente, mi madre me aplicó profusamente aquella espesa pomada que viene en una cajita rosada, aliviando el dolor y sanando totalmente la herida, en corto tiempo, a un costo bajísimo.

Ramiro Mac Donald


Parto de esta narrativa íntima, para darle públicamente las gracias a Don Guillermo Méndez Santizo, en nombre de millones (no exagero) sí, millones de guatemaltecos, a quienes esa casi mágica pomada los libró de problemas graves, como terribles quemaduras. Y en especial, de millares de niños inquietos que accidentalmente sufrieron la acción del fuego, el agua hirviendo u otras formas de laceración de su piel, como la pañalitis (tan común entre los infantes).

Por eso, cuando me enteré del fallecimiento de “Don Yemo” (como cariñosamente lo nombraban) me embargó una profunda nostalgia. Pero además, porque la vida de su familia, en alguna medida se entrecruza con la mía. Lo consideraban un verdadero amigo.

Mis padres hablaban de “Don Yemo” o “Willy” (a secas) como un excepcional hombre emprendedor; con una enorme sensibilidad social y dotado de una humanidad extraordinaria. Recuerdo que cada vez que visitamos su casa, atrás de la conocidísima Farmacia Trinidad, en la zona 3, muchos recuerdos de alivio me traían esas tres letras acrósticas, por el accidente de mi adolescencia. Don Guillermo se encargaba de hacerlo sentir a uno bien, no importando su edad y por supuesto, su condición social. Era muy especial con todos sus visitantes.

Me contaba mi padre que “Don Yemo” había decidido mantener una escuelita y que jamás le quitó el apoyo. Una escuelita en la que los niños del barrio El Gallito pudieran estudiar, cuando hace 60 años, “Don Yemo” llegó a fundar su farmacia, un tipo de empresa que no existía en ese populoso barrio. Él fue el primer farmacéutico que decidió abrir un expendio de medicinas, para que la gente no tuviera que salir del lugar. Su anuncio en Guatemala Flash, tampoco faltó nunca en 50 años, cuando menos.

La prosperidad que alcanzó su industria farmacéutica, se debió en gran parte, que “Don Yemo” atendía en forma personal a cada persona -como persona- y los casos difíciles pasaban por sus acertadas recomendaciones. Pero, además, porque todo lo hacía con fe. El mismo nombre de su farmacia tiene ese profundo significado, de anteponer su creencia en un ser supremo, al propio trabajo diario. Un hombre sorprendente, en todo el sentido de la palabra. Alguien que se hizo a sí mismo; venido de la provincia, llegó a la capital a triunfar por su emprendimiento e inventiva. Por otro lado, este hombre de bien, siempre apoyó el deporte nacional, en particular el basquetbol, donde mantuvo un equipo en la primera división y en el ciclismo siempre hubo una cuarteta con el nombre GMS.

Muy pocas personas pueden decir que las siglas de su nombre se han convertido en un emblema de alivio y sanación, conocido hasta el más recóndito rincón de Guatemala, Centroamérica y sur de México. Esto representa un fenómeno simbólico, al leerlo semióticamente. Las tres letras juntas GMS son conocidas como no sólo como una marca industrial, con fuerte identidad chapina, asociada con la pomada contra las quemaduras y el famoso balsámico: ya forman parte de nuestra cultura

Descanse, “Don Yemo”. Ha cumplido sus metas personales, familiares, empresariales y de responsabilidad social. El nombre acróstico GMS es admirado por gente que nunca imaginó. Su familia es heredera de una valiosa divisa que trasciende, honorablemente. Cosa extraña hoy día.