Un sillón ministerial más calentado que una estufa


No estoy poniendo en duda la capacidad, habilidad y conocimientos de Carlos Menocal, periodista convertido en burócrata de altos vuelos durante el actual Gobierno, para desempeñarse con toda propiedad en la cartera de Gobernación; pero, de todas maneras y aunque no me lo esté pidiendo ni yo estoy para estar prodigando consejos, le recomendarí­a que, por aquello de las taciturnas moscas, no desempaque todos sus bártulos en el despacho que acaba de tomar posesión, porque a lo mejor ni siquiera le dé tiempo de calentar bien el blando sillón en el que ya se ha sentado e intempestivamente reciba la orden de entregar el cargo.

Eduardo Villatoro

Es que, como ya lo han comentado ilustres y documentados  analistas polí­ticos, devenir de la noche a la mañana en titular del Ministerio del Interior no es un asunto que se tome a la ligera, por las responsabilidades que el cargo implica, y porque no se sospecha en qué momento viene la repentina zafada de la alfombra ministerial.

Durante el actual régimen, el prematuramente fallecido Vinicio Gómez pudo permanecer durante alrededor de cinco meses y medio al frente del Ministerio de Gobernación, y posiblemente aún estarí­a fungiendo como tal de no haber ocurrido el trágico accidente aéreo en que falleció. Pero tal como es de incierto el rumbo de este régimen, quién sabe.

De inmediato y sin que probablemente el presidente ílvaro Colom contara con los suficientes elementos de juicio para sopesar su decisión, nombró al doctor en filosofí­a -según tengo entendido y si mi flaca memoria no me traiciona- Francisco José Jiménez Irungaray, quien tomó posesión el 2 de julio de 2008,  para cesar abruptamente en sus funciones después de cinco meses y piquito.

Pero allí­ estaba el alcalde de Villa Nueva con permiso de don Salvador Gándara, para rescatar el prestigio de la manida frase: «la violencia se combate con inteligencia», y de esa cuenta se hizo cargo de la cartera del Interior a principios de 2009. Sin embargo, no soportó las embestidas de la delincuencia, las crí­ticas de los siempre descontentos grupos de la sociedad civil y las intrigas palaciegas, sumado a su desafortunada decisión de renovar la cúpula de la Policí­a Nacional Civil y designar a ex jefes de la misma institución con dudosos antecedentes.

Cabal tu pisto, ni un dí­a más ni un dí­a menos, justamente seis meses después de haber tomado posesión, el burgomaestre de Villa Nueva fue destituido, también fulminantemente por el presidente Colom, quien designó en su lugar al señor Raúl Velásquez. De acuerdo con sus propias palabras al tomar posesión, el nuevo ministro de Gobernación pondrí­a en práctica el desconocido plan de seguridad que él mismo elaboró cuando don ílvaro II se encontraba en campaña electoral. Además, como se habí­a desempeñado de viceministro en el mismo ramo se supuso que su estancia serí­a prolongada.

Si se toma en consideración el lapso en que fungieron sus antecesores, don Raúl rompió récord porque permaneció en el puesto 7 meses y 18 dí­as, minutos más, minutos menos. Según palabras del presidente Colom, el señor Velásquez fue separado del cargo por anomalí­as en la compra de combustibles para los vehí­culos de la PNC. Y calabaza, calabaza, cada quien para su casa.

Ahora es Carlos Menocal el ungido. Probablemente la audacia de su juventud, unida a la experiencia adquirida durante los dos años recientes en posiciones encumbradas, puedan contribuir a que finalmente el Gobierno logre enderezar la nave del Ministerio de Gobernación y que, de esa cuenta, esté en capacidad de combatir con eficiencia y eficacia al crimen organizado y la delincuencia en general, para bien de los guatemaltecos.

(Mi amigo Atilio le escribió al analista Romualdo Tishudo diciéndole que sospecha que la pititanga y las cajas de cialis que compró el ex secretario del vice Espada, eran obsequios para el presidente de la Corte Suprema antes de su viaje a Brasil).