Una avenida bastante transcurrida en el Centro Histórico de la ciudad, rodeada de casas antiguas con comercios en su interior; famosa por sus dulces típicos para las celebraciones de octubre, forman la atmósfera de la Iglesia de Santo Domingo, ubicada en la 12 avenida y 10 calle de la zona 1.
Esta iglesia, y su ex convento, guardan parte de la historia de la Nueva Guatemala y tiene como protagonistas a los frailes dominicos, pero este lugar también conserva grandes planes para el futuro.
NUEVO USO
Estos planes para el futuro consisten en un proyecto de restauración y conservación del ex convento de Santo Domingo, para darle una segunda vida, un segundo uso, como un nuevo centro cultural- religioso, en el que personas de diferentes lugares y clases puedan confluir.
De acuerdo a Fray Mario Torres, Prior de la mencionada iglesia, el proyecto fue pensado por su predecesor el padre español, José Quiles, pero nunca se realizó ninguna acción para lograrlo, hasta ahora.
“El soñaba, en su momento, con recuperar el conjunto arquitectónico… nada más que era un sueño, una ilusión. Posteriormente, hace tres años, más o menos, empezamos a despertar esa ilusión que había quedado en el tintero”, dice Torres.
El proyecto cobró vida con la colaboración del arquitecto Mario Maldonado, un grupo de laicos y con la ayuda del Patronato de Santo Domingo empezaron a buscar fondos para realizar la restauración.
“Nos parece que es una joya, que habla de lo que hemos sido los guatemaltecos en otro momento. Vivimos tiempos de mucha desesperación, angustia y depresión, y además de frustración, respecto al ciudadano que se ha configurado… Un ciudadano irresponsable, un ciudadano que aparentemente está demasiado ocupado de sí mismo y de su sobrevivencia, y que se ha olvidado de la belleza”, explica.
A decir del religioso, en Guatemala hay tanta violencia y fealdad que es muy difícil comprometerse para recordar a los demás que el ciudadano no es solo capaz de provocar violencia sino que también es capaz de generar belleza.
“Estamos en medio de la fealdad, necesitamos irradiar cosas bellas, porque ya sabemos que por medio de políticas de estado, esto, no funciona”, explica. Es por ello que este proyecto, será el espacio para que las personas puedan sentarse y admirar la belleza.
Una de las metas de este proyecto consiste en utilizar las instalaciones del viejo convento para escuelas de arte.
FASES
Para ver acabado este proyecto pasarán algunos años, pues primero debe de finalizarse la etapa de investigación arqueológica, que apenas lleva ocho meses, luego de esta fase seguiría el plan de restauración.
“La fase arqueológica nos permite tener datos exactos y verídicos en cuanto a los niveles de piso; en cuanto al estado de los materiales, en cuanto a las intervenciones posteriores; hasta dónde llegaron, qué fue lo que hicieron y, en base a esto, ya se plantea una propuesta de restauración”, explica Maldonado.
Fue a través de estas investigaciones que se descubrió la fuente del Claustro Mayor, que se encuentra a un metro de profundidad de la torta de concreto y que tiene 7 metros de diámetro. También se han encontrado pequeños tiestos de cerámica, mayólica y vidrio, elementos que develan los usos que se le dieron al convento.
De acuerdo a su estructura se sabe que para los dominicos era muy importante la presencia de los claustros o patios, con fuentes en el centro, pues sus espacios abiertos representaban una conexión con el cielo, como horizonte último en todas sus actividades.
“La belleza misma de este convento reside en sus espacios abiertos, en los enormes pasillos que daban una vista hermosa a las fuentes y al cielo mismo, como una conexión especial con el lado espiritual”, opina Maldonado.
Y es que para el arquitecto a cargo de la restauración, la grandeza de esta construcción se traduce en la importancia que la Orden Dominica ostentaba en aquellas épocas.
Actualmente, un sesenta por ciento del ex convento pertenece a la iglesia de Santo Domingo, mientras que el otro cuarenta por ciento es utilizado por la Dirección de Patrimonio Cultural y Natural del Ministerio de Cultura y Deportes y por la Policía Nacional Civil.
APOYO ECONÓMICO
Este proyecto necesita del apoyo financiero para asegurar su finalización, el cual proviene, principalmente, del Patronato de Santo Domingo, asociación integrada por frailes y por laicos. Esta asociación es la encargada de gestionar los fondos para su realización, tanto públicos como fondos de empresas privadas, además de los recaudados a través de actividades como conciertos, exposiciones, entre otros.
A pesar de que no se tiene una fecha estimada para la clausura del proyecto, se espera que para el 2020 el centro cultural-religioso de Santo Domingo, sea ya un hecho.
HISTORIA
La orden dominica vino a Guatemala en el año de 1529 y fue la primera Orden religiosa en venir al país, con el fin de evangelizar y aculturizar a los nativos, como una forma de evitar el sometimiento a través de la violencia.
A partir de entonces, los frailes se dedicaron a la evangelización y culturalización de los indígenas nativos. Fue en Ciudad Vieja que fundaron el primer convento de la Orden, que luego, a causa de la inundación, mudaron a la Antigua Guatemala, justo donde se encuentra el actual Convento Casa Santo Domingo.
Más adelante, se trasladaron a la Ciudad de Guatemala, en 1776. A decir de Maldonado, en esa época los Dominicos eran una de las órdenes más importantes de la Iglesia Católica y tenían mucho poder en la industrialización de las tierras. Además fueron precursores del azúcar, el ganado y otros tipos de productos.
En ese entonces, más de doscientos frailes habitaban el convento que en sus instalaciones contaba con una azucarería, botica, sala capitular, biblioteca, sala de reuniones, cocina, refectorio -comedor-, baños y una venta de productos que los frailes trabajaban con el apoyo de los indígenas y de la población general, y que luego eran vendidos, además .
Para estos religiosos, el templo era sola la iglesia o la capilla, lo monumental para ellos era el convento porque era su sede de trabajo. Al trasladarse a la capital, les entregaron una gran porción de tierras, que va desde la 10 calle hasta la 18 calle, y de la 12 avenida toda la parte posterior, que hoy es parte del barrio Gerona y la zona 5.
A pesar de la grandeza de la construcción, cinco frailes compartían una misma habitación, siempre ubicadas al margen del convento, con salida a un jardín particular y cada jardín tenía una fuente -diseño que se repite en la estructura del lugar -. El convento fue construido con ladrillo y piedra, proceso conocido como calicanto.
EXCLAUSTRACIÓN Y OTROS USOS
Con el paso del tiempo y con la llegada de la independencia, se quiso quitar autoridad a las órdenes, fue así que en 1829, Francisco Morazán, último presidente de las Provincias Unidas del Centro de América, ordenó la exclaustración de los religiosos obligándolos a abandonar el país, dejando sólo a unos pocos para que continuaran con las misas de costumbre.
Es en este momento histórico, donde la religiosidad en el país se afianza fuertemente, como una manera de resistencia, pues “al no haber frailes, la vocación católica no permitió que esto muriera – las tradiciones-. Entonces, aunque sacaron a los frailes, la población seguía sacando las procesiones”, cuenta Torres.
A los diez años, en 1839, regresan nuevamente los dominicos para encontrar sus instalaciones distintas, pues a su salida Morazán decidió darle otro uso con fines públicos. Es así que el claustro mayor del convento fue utilizado como cárcel para hombres.
Al ver fraccionado el convento, y no pudiendo recuperarlo en su totalidad, empezaron un desarrollo más lento y con menos frailes.
Para 1871, el ex presidente, Justo Rufino Barrios vuelve a sacar a los religiosos del país, pero estos regresan una vez más, en 1920. Durante ese tiempo, las instalaciones funcionaron como Licorera Nacional, luego como una escuela de varones, y como el primer conservatorio nacional de música, entre otros.
Muchos de los usos que le dieron mutilaron las instalaciones, por lo que al entrar son visibles una serie de daños y estos forman parte de una segunda y tercera historia, explica Maldonado, durante el recorrido al Claustro Mayor.
La Iglesia de Santo Domingo, fue elevada a basílica en 1969, debido a la devoción expresada por los guatemaltecos hacia la Virgen del Rosario o mejor conocida como la Virgen de Plata, lo que la hace la segunda basílica en todo el país.