Un Presidente que desafí­a a Occidente


Besando el hombro del lider supremo Ayatolá Ali Jamenei, el presidente Mahmoud Ahmadinejad confirma su lealtad al islam.

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<p>El presidente Mahmud Ahmadinejad se presenta a sí­ mismo como un devoto del islam y un adalid de la justicia y los pobres, pero genera desconfianza en Occidente y temor en varios sectores de su paí­s por su polí­tica nuclear y sus polémicas declaraciones y medidas.</p>
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En una ceremonia hoy cerrada a la Prensa, el guí­a supremo iraní­, el ayatolá Ali Jamenei, confirmó la reelección de Ahmadinejad, tras los comicios del 12 de junio, cuyos resultados fueron cuestionados por la oposición y provocaron masivas protestas que sumieron a la República Islámica en una de las peores de sus 30 años de existencia.

Ahmadinejad jurará el miércoles el cargo de mandatario de la República Islámica de Irán, por un nuevo periodo de cuatro años. Luego tendrá dos semanas para configurar su Gabinete.

Poco después de su inesperada victoria en 2005, Ahmadinejad causó estupor al afirmar que Israel está condenado a «desaparecer del mapa» y que el Holocausto nazi es un «gran engaño».

Comparó, además, el programa nuclear iraní­ a «un tren sin frenos» que proseguirá su marcha pese a las múltiples presiones internacionales.

En Irán fue criticado por muchos economistas por su polí­tica de distribución masiva de petrodólares, que condujo a una fuerte inflación (23,6%), sin conseguir reducir el desempleo y la pobreza.

Ahmadinejad, de 52 años, está casado, y tiene dos hijos y una hija.

Este hijo de herrero nació en el pueblo de Aradan, a 90 km al sureste de Teherán, pero creció en Teherán, donde obtuvo un doctorado en gestión de transporte urbano.

En la revolución de 1979 -que derrocó al Sha de Irán y llevó al poder al ayatolá Jomeini- se incorporó a los estudiantes islamistas de Teherán y luego a las filas de los Guardianes de la Revolución, el ejército ideológico del régimen.

Más tarde obtuvo su primer puesto polí­tico al convertirse en gobernador de la provincia de Ardebil (noroeste).

En 2003 llegó a la alcaldí­a de Teherán, un cargo que utilizó como trampolí­n para obtener la presidencia en junio de 2005.

En recientes debates televisivos, pulió su imagen de hombre de pueblo, al afirmar que viví­a sólo de su salario de profesor.

Su populismo sigue gustando, en especial en los medios populares urbanos y rurales.

En América Latina, Venezuela es la gran aliada de Irán y el presidente Hugo Chávez ha defendido en numerosas oportunidades el gobierno de Ahmanidejad, con quien ha suscrito numeroso acuerdos económicos e industriales.

Sus rivales lo califican de «imprevisible» a causa de su retórica agresiva, pero sus partidarios lo ven como un hombre «que ayuda a los pobres».

Ahmadinejad instauró un nuevo estilo de gobierno al reunir a su consejo de ministros cada dos o tres semanas en ciudades de provincia, para «comprender mejor los problemas del pueblo».

En cuatro años recibió 20 millones de cartas con pedidos de ayuda y creó un servicio para responderlas una por una y apuntalar así­ el apoyo de su electorado popular.

Ahmadinejad es la segunda persona más poderosa de Irán después del guí­a supremo, el ayatolá Ali Jamenei.

GUíA SUPREMO Confirman reelección


El guí­a supremo de Irán, Ali Jamenei, confirmó hoy la reelección del presidente Mahmud Ahmadinejad, casi dos meses después de los comicios que desencadenaron masivas protestas por denuncias de fraude y sumieron a la República Islámica en una de las peores crisis desde su creación en 1979.

«El guí­a de la revolución confirmó la elección de Mahmud Ahmadinejad para un segundo mandato» de cuatro años, indicó la televisión Al Alam, en una ceremonia cerrada a la que no asistieron la prensa ni los dirigentes de la oposición.

El presidente jurará su cargo el miércoles y en los próximos dí­as anunciará a los miembros de su gabinete.

«Los iraní­es votaron a favor de la lucha contra la arrogancia, para combatir la pobreza y extender la justicia», proclamó el ayatolá Jamenei.

La ausencia en el acto de los ex presidentes Mohamed Jatami y Akbar Hachemi Rafsanyaní­ y de los candidatos Mir Hosein Musavi -que se considera vencedor de la elección presidencial del pasado 12 de junio- y Mehdi Karubi debilita al régimen iraní­.

Ahmadinejad, que genera la desconfianza de los paí­ses occidentales por su programa nuclear y sus polémicas declaraciones, denunció intentos de gobiernos extranjeros de inmiscuirse en el proceso electoral.

«Les digo a los gobiernos egoí­stas y entrometidos que han sido crueles con nuestro pueblo en las elecciones y que han usado de manera inadecuada sus medios financieros y polí­ticos», declaró.

Según los resultados oficiales, Ahmadinejad, de 52 años, fue reelecto con el 63% de los votos, contra el 34% para Musavi.

Pero esos resultados fueron considerados fraudulentos por Musavi y otros dirigentes, y repudiados en masivas manifestaciones duramente reprimidas, con un saldo de 30 muertos y 2.000 detenidos, 250 de los cuales siguen tras las rejas, de acuerdo con informes oficiales.

Un tribunal de Teherán comenzó a juzgar el sábado a un centenar de personas, entre éstas varias personalidades del campo reformista, por su participación en las protestas.

Acusados de perturbar el orden público y poner en riesgo la seguridad nacional, los inculpados podrí­an ser condenados a penas de hasta cinco años de cárcel, según la agencia iraní­ FARS. Y si fueran hallados culpables de ser «mohareb» (enemigos de Dios), serí­an pasibles de la pena capital.

Varios acusados, entre ellos el ex vicepresidente Mohammad Alí­ Abtahi, asestaron un duro golpe a la oposición al afirmar en la primera audiencia del juicio que se equivocaron al apoyar el movimiento de protesta.

Pero según Musavi, esas confesiones fueron obtenidos con métodos equiparables a «torturas medievales».

«Â¿De qué quieren convencer al pueblo (…), con confesiones que recuerdan las torturas medievales?», escribió el domingo Musavi en su sitio internet.

El domingo, diputados iraní­es presentaron una denuncia judicial contra Musavi por «acciones extremistas» relacionadas con la ola de violencia.