Estoy consciente de que muy poco puede hacer el gobierno de Guatemala en lo que se refiere a tender su mano de ayuda al pueblo de Cuba, porque ni siquiera ha solucionado las secuelas que dejaron las inundaciones y derrumbes en La Unión, Zacapa, y Palín, Escuintla, ocurridos hace ya varios meses, mucho menos ha superado los estragos provocados por las lluvias torrenciales más recientes en otras regiones del país.
eduardo@villatoro.com
Sin embargo, aunque sea simbólicamente el gobierno del presidente ílvaro Colom pudo haber enviado una pequeña delegación a la isla antillana, como un mínimo gesto de solidaridad y reciprocidad, tomando en consideración que cuando el huracán Mitch y la tormenta tropical Stan asolaron vastas áreas del territorio guatemalteco, el pueblo y el gobierno de Cuba estuvieron prestos para enviar auxilio de diferente índole, incluyendo brigadas de médicos, muchos de los cuales terminaron quedándose aquí para brindar asistencia en salud, especialmente en aquellos sitios donde los facultativos guatemaltecos no se asoman ni siquiera por curiosidad.
Según datos proporcionados por Rolando Barroso Martínez, primer secretario de la oficina de prensa de la embajada de Cuba en Guatemala, evaluaciones muy preliminares de los daños causados en Cuba por los huracanas Gustav e Ike cifran las pérdidas en aproximadamente 5 mil millones de dólares, equivalentes a alrededor de 37 mil millones de quetzales, algo así como el presupuesto general de Guatemala en 2007.
Uno de los impactos más letales causados por ambos huracanes fue la destrucción parcial o total de más de medio millón de viviendas, dejando a más de 200 mil personas sin hogar, además de cientos de miles de cubanos cuyas viviendas requieren reparaciones de todo tipo.
La acción combinada de los huracanes Gustav e Ike en vientos, lluvias e inundaciones a su paso por casi todo ese país, entre el 30 de agosto y el 9 de septiembre, incluidos los efectos previos y posteriores a su entrada y salida del territorio cubano, la convierten en la más devastadora en la historia de estos fenómenos meteorológicos en Cuba, con relación a la magnitud de los daños materiales ocurridos.
Tanto el huracán Gustav como el Ike, en sus trayectorias, pusieron virtualmente en tensión a toda esa nación caribeña desde el 25 de agosto, cuando la Defensa Civil emitió la primera nota informativa sobre esos meteoros. No hubo en uno y otro evento región cubana alguna que escapara a sus amenazas e impactos; pero como la primera prioridad del gobierno cubano es la salvaguarda de las vidas humanas, fueron protegidas 3.2 millones de personas, de las cuales sólo cerca de medio millón se albergó en centros de evacuación, mientras que el resto recibió abrigo solidario de familiares y vecinos, habiéndose empleado más de 10 mil medios de transporte y cientos de albergues habilitados para la ocasión.
Asociado a los daños provocados en las viviendas, están los tanques de almacenamiento de agua en edificios, que superaron la cifra de cuatro mil dañados o destruidos, por el huracán Gustav, que solo en Pinar del Río destruyó 150 torres de transmisión eléctrica y derribó 4,500 postes, en tanto que en la Isla de la Juventud quedó afectada la totalidad de las líneas eléctricas.
Sería prolijo enumerar todos los daños ocasionados en Cuba por los dos huracanes, pero para dar una idea de los desastres, en el área de salud de la región occidental de Cuba, sufrieron daños de consideración 314 instalaciones, incluyendo 26 hospitales, 18 policlínicos, 191 consultorios, 14 hogares de ancianos y 42 farmacias.
Muchas otras informaciones y datos podrían completar el panorama que ha dejado en Cuba, en menos de un mes, el impacto de cuatro fenómenos meteorológicos, especialmente por su capacidad destructora los huracanes Gustav e Ike, a tal grado que ese país antillano ha sido devastado en su infraestructura económica, social y habitacional como nunca antes; pero su gobierno no ha perdido ni un minuto en las tareas de reconstrucción, y tal como lo indicara el comandante Fidel Castro en uno de sus comentarios recientes, no faltará el rigor y la racionalidad en el inevitable reajuste de programas y planes económicos y sociales.
(Romualdo y yo nos solidarizamos con el pueblo cubano).