La polarización social planteada alrededor de la crisis política actual debe ser considerada como una especie de retroceso suicida para Guatemala. Simplistamente debemos decir que en la medida en que se agrave esa confrontación el futuro será muy difícil. Si el Gobierno logra imponerse, no le será sencillo gobernar con la oposición furibunda de los sectores de poder económico, pero si triunfara la tesis de apartar al gobernante, quien llegue tampoco la tendrá fácil al toparse con la oposición de sectores populares a los que se les está diciendo que esta crisis es una conspiración de los ricos para despojarlos de los programas sociales.
Imposible predecir el curso de los acontecimientos porque hay demasiados actores y demasiadas tendencias en todo esto y por lo tanto cada día nuevo trae sorpresas e incidentes distintos que agregan más volatilidad al medio político. Desmontar la confrontación tiene que ser una preocupación esencial del Gobierno porque, repetimos, no le hace ningún bien al país el dividirnos en lo que nos genera una frontal lucha de clases. Y por el lado de los manifestantes que se oponen al Gobierno, deben tener la cordura de no usar términos despectivos respecto al resto de la población porque ello únicamente enardece más los ánimos.
La sensatez no aparece por ningún lado porque las pasiones están siendo exacerbadas de manera deliberada por todos los que tienen la intención de llevar las aguas a sus respectivos molinos. Y la experiencia demuestra que en medio de tanto apasionamiento no se razona para buscar lo mejor para el país y estamos avanzando en una senda sumamente peligrosa por lo explosivo de las circunstancias.
Obviamente la polarización no viene únicamente de las acciones del Gobierno, pero al Gobierno sí que le debemos exigir, por su responsabilidad constitucional de representar la unidad nacional, que cese en los mensajes incendiarios que están lanzando para centrar en las diferencias entre pobres y ricos este conflicto, mismo que están presentando como una batalla entre los que se benefician de la cohesión social y los que desean eliminar esos programas de asistencia a los más necesitados.
En el corto plazo unos y otros pueden ver rentable la polarización porque apuntala sus respectivas posiciones, pero las heridas de una confrontación de ese tipo nos acompañarán por mucho tiempo y la división social nos hundirá más en el atraso. El Gobierno y la oposición tienen que entender que el esfuerzo ahora es para revertir las condiciones de un Estado fallido que no nos permite ni siquiera administrar justicia. En la medida en que como sociedad entendamos qué es lo que debemos corregir, podemos encontrar acuerdos de interés nacional.