Hace algunos días circuló la noticia que Guatemala ocupa uno de los primeros lugares dentro del ranking de los países más felices del mundo. No recuerdo qué universidad de Estados Unidos de Norteamérica publicó dichos resultados estadísticos, pero lo cierto es que hubo más de un comentario público que tomó muy en serio tal información y que, inclusive, fue motivo de afirmaciones de ingenuo patriotismo, como queriendo decir que, a pesar que estamos mal, somos capaces de ser felices; o sea, casi como motivo de «orgullo nacional».
Quienes toda la problemática nacional la reducen al problema de la voluntad de ser positivos, de tener una mente y una actitud siempre dispuesta a ver vasos medio llenos, noticias como la que comentamos siempre es motivo para justificar nuestras deficiencias sociales y políticas a la luz de la pura subjetividad individual que nos reduce a ser positivos o negativos.
Entre otros problemas, uno que conlleva la consideración de ser o no un país feliz, es la confiabilidad de la fuente, el método de recopilación de datos, el procesamiento de los mismos, la atingencia de la inferencia y de la generalización, etc. En todo caso, el problema mayor tal vez se centre en la correspondencia entre la afirmación y la realidad. En otras palabras: si digo, «Soy feliz», efectivamente ¿soy feliz? En la consideración de la felicidad humana, confluyen infinidad de factores externos e internos al sujeto, a la vez que las generalizaciones, en un país tan heterogéneo como el nuestro, impiden totalmente la calificación de ser un «país feliz». Cosa distinta es afirmar que Guatemala es un país con altos índices de pobreza extrema, desnutrición o analfabetismo, por cuanto éstas son realidades más objetivas por medibles y observables. Pero medir la felicidad no es solo cosa de datos cuantificables. Medir la felicidad es como tratar de medir el amor, la angustia, el resentimiento, o la tristeza.
El hombre ingenuo (cándido) siempre se cree continuamente feliz. Y, la noticia, si es real, o es una broma o un estudio mal fundamentado.