Un paí­s de duelo


En uno de los programas de teléfono abierto de Radio Cadena Sonora, un oyente dijo ayer que Guatemala es un paí­s de duelo al hacer referencia al impresionante ambiente de violencia que actualmente sacude a nuestro territorio con el macabro saldo del hallazgo casi todos los dí­as de cadáveres atados de pies y manos con señales de haber sufrido crueles torturas.

Félix Loarca Guzmán

El duelo es un estado de dolor o de aflicción por la muerte de alguien. De manera que la expresión del oyente no es una simple ocurrencia, sino el resultado de una reflexión muy profunda a partir de la visión que existe en los sectores populares ante ese fenómeno dantesco de constantes ejecuciones extrajudiciales que los grupos de Derechos Humanos identifican como un mecanismo de «limpieza social», cuyo denominador común es que casi todas las ví­ctimas han tenido un amplio historial de delincuencia.

Curiosamente, la mayorí­a pertenecí­a a los grupos de maras o pandillas juveniles que proliferan como hongos no sólo en la capital de Guatemala, sino también en los municipios periféricos del área metropolitana.

En esa misma estación de radio que por cierto está a la vanguardia con un novedoso y muy profesional sistema noticioso, también se abordó el tema de varios lugares que literalmente han sido convertidos en «botaderos de cadáveres».

Algunos radioescuchas externaron su percepción o convencimiento en el sentido que las acciones de «limpieza social» podrí­an estar siendo ejecutadas por estructuras supuestamente clandestinas pero con alguna vinculación a los cuerpos de seguridad del Estado. Coincidieron en que las autoridades competentes deberí­an promover una investigación muy profunda a efecto de esclarecer el origen de estos hechos y la posible participación de agentes policí­acos.

Sin embargo, si hubiera estructuras estatales comprometidas en tan reprobables acciones, obviamente las investigaciones nunca van a prosperar ante todo con la ineficiencia de los órganos auxiliares de la administración de justicia como es el caso del Ministerio Público.

Los cuerpos de socorro reportaron que durante el año 2006, hubo alrededor de tres mil muertos como consecuencia de varias causas, especialmente por el clima de violencia que impera en todo el paí­s.

En ese contexto es obligado hablar de los derechos humanos. Para nadie es un secreto que la observancia de los derechos humanos ha sufrido un profundo deterioro y que por ello las organizaciones nacionales e internacionales que trabajan sobre este tema coinciden en señalar que Guatemala está retornando al tenebroso pasado con un escenario de barbarie y de atropello al Estado de Derecho.

Tristemente, los guatemaltecos nos hemos deshumanizado y ya no nos conmueve la muerte violenta de nuestros semejantes. Muchos se alegran al enterarse que las ví­ctimas de «los escuadrones de la muerte» eran ladrones de carros o asaltantes de las camionetas urbanas ante la impunidad, la corrupción en la Policí­a y la poca confianza en el funcionamiento de los tribunales de justicia.