La gente, nuestra gente, regresó más decepcionada del paseo por la campiña guatemalteca. No era para menos, encontrar las rutas nacionales totalmente hechas pedazos. No hubo ni un solo lugar que se escapara del triste y lamentable estado en que vive la gente del interior, más por donde transita.
fracaceres@lahora.com.gt
Son miles los kilómetros que el pasado gobierno no le brindó el mínimo mantenimiento, tampoco reparación, aunque en la ejecución presupuestaria aparezcan muchísimos trabajos ordenados y pagados, algunos de tan mala calidad que los dejó en peores condiciones y tantos más que siguen esperando que San Juan baje el dedo para que la Contraloría los denuncie. En pocas palabras, la destrucción es tan severa y generalizada que no se puede olvidar la necesidad urgente de deducir las responsabilidades civiles y penales del caso.
No se gastaron unos cuantos centavos. Fueron miles de millones de quetzales tristemente dilapidados entre gobierno, constructores, contratistas, políticos y empresas especialmente creadas para defraudar al fisco y a la ciudadanía y todos tan tranquilos. Nos parece magnífico que se haya emprendido la labor de reconstrucción y brindar el debido mantenimiento a nuestras vías de comunicación, pues no son solo útiles para transitarlas en busca de lograr solaz y esparcimiento, sino que son rutas por donde fluye el desarrollo y el progreso del país. No debiera existir un solo obstáculo para deducir las responsabilidades de quienes se llevaron lo que no era suyo.
¿Qué están esperando?, ¿que nuestro pueblo olvide por ser olvidadizo y desmemoriado por hábito y costumbre? No creo que eso vaya a ocurrir. Todavía resuenan en muchos oídos las palabras de la Vicepresidenta, quien enfáticamente asegurara que “muy pronto” toda esta calaña iba a parar con sus huesos en las cárceles del país o ¿es que para ese propósito planifican construir una de ellas de “máxima seguridad”? Esto buenísimo hacerlo de verdad, porque a tanto asalariado le sigue ardiendo hasta en lo más íntimo de su ser tener que pagar más impuestos, mientras el montón de pícaros de los anteriores gobiernos sigan tan tranquilos y campantes.
No se trata de revanchismo ni de odio jarocho a ultranza, es tan solo que a los ciudadanos se nos permita volver a recuperar la confianza en quienes gobiernan, puesto que mientras la impunidad siga siendo parte de nuestro diario vivir, jamás vamos a llegar a tener fe y certeza en quienes asumieron el mando rodeados de promesas electorales porque no se cumplen. Simplemente estamos recordando entonces que la justicia es dar lo que se debe, desde una buena calificación hasta un severo castigo. No se puede olvidar, por mucho que nuestro pueblo haya perdido siempre, porque la justicia presupone el derecho: sin derecho no hay justicia. Otra cosa, al final, tal vez la más importante: Que la convivencia humana se ordena mediante actos externos, cosas, que llevamos largo rato de no verlos.