El pasado Jueves Santo muy temprano estaba tomando posesión el nuevo Tribunal Supremo Electoral y su primera acción fue elegir como Presidenta del mismo a la licenciada María Eugenia Villagrán de León, quien tiene no sólo amplia hoja de vida, sino además es reconocida en el foro nacional como una profesional muy competente. Por vez primera tenemos a cargo de la autoridad electoral a una mujer y un Tribunal dominado mayoritariamente por abogadas, lo cual no sólo constituye un paso adelante en el tema de la igualdad de género, sino que además nos permite vislumbrar esperanzas de que ahora ese órgano colegiado pueda poner atención a temas más allá de la simple organización del proceso electoral.
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El tema de la reforma de las leyes que norman la actividad política en el país y especialmente la implementación del documento único de identidad para sustituir a la muy vulnerable Cédula de Vecindad, forman parte de la agenda pendiente que en el TSE no han logrado concretar y que ahora queda como herencia para el recién integrado Tribunal. Creo que de las instituciones surgidas en el marco de la Constitución Política de 1985, sin duda el Tribunal Supremo Electoral es el que ha gozado generalmente de mayor prestigio, aunque hay que reconocer que el último terminó sus funciones sumamente minado, lo que se reflejó en el resultado de la autopostulación que hicieran varios de sus miembros con la intención de ser reelectos.
Yo tengo la impresión de que por vocación y naturaleza, la mayoría de mujeres en el Tribunal tendrá un impacto importante en la definición del rumbo del Tribunal no sólo en el manejo del tema puntual de las elecciones, sino que especialmente en presionar e insistir en la reforma de aquellas leyes que hacen falta para garantizar más condiciones de igualdad en el ejercicio de los valores democráticos. Cuestiones como el cumplimiento de los plazos para realizar proselitismo y mayor eficacia en los controles del gasto político son cuestiones fundamentales para que nuestro sistema pueda iniciar la superación de algunos de sus males más arraigados.
La licenciada Villagrán viene de una familia con larga tradición en el desempeño de funciones públicas, puesto que su abuelo fue importante ministro en tiempos de Arévalo y su padre fue Vicepresidente de Romeo Lucas, cargo del que renunció por discrepancias con el mandatario. Su hermano es actualmente el nombrado Embajador de Guatemala en Washington y ella misma ha desempeñado importantes cargos en el sistema judicial del país y es reconocida como una abogada de prestigio. Pienso que esa tradición familiar ha sido importante en su vida y que se reflejará en la forma en que desempeñe su responsabilidad al frente del TSE.
Si la pureza del sufragio es fundamental tarea del Tribunal Supremo Electoral, hay que entender que los comicios son la culminación de un proceso democrático en el que resulta fundamental la equidad de las condiciones imperantes para evitar que mediante acciones de verdadera matatusa algunos saquen provecho de su viveza y de la debilidad del sistema para aplicar sanciones a quienes se salten las trancas. Por ello es que el nuevo Tribunal tiene que ser muy firme al plantear al Congreso la necesidad de implementar reformas que le aseguren la autoridad suficiente para aplicar sanciones a quienes no cumplan con la letra y el espíritu de las leyes políticas.