El ganar un premio Nobel es un reconocimiento que enorgullece no solamente a quien lo recibe sino también a todos sus compatriotas y a su patria. Es así que se cuentan las anécdotas referentes al momento aquel en el que se le dio la noticia al recipiendario, y de las palabras que éste dijo preguntándose si aquello era verídico o si sería una broma de mal gusto. Y hay también otros muchos que creyéndose merecedores a uno de ellos, esperan con ansiedad el final del año para ver si acaso éste año sí les toca.
Siendo que el jurado que decide a quién otorgarlo, es de humanos, pues es indudable que se cometen errores, pero, a pesar de ello, el premio Nobel sigue siendo algo que honra a quien lo recibe y a su patria.
Es por ello que es triste contemplar que aquí en Guatemala no se aprecie en lo que vale el que se le haya otorgado uno de esos galardones a una indígena, a quien, es más, no es infrecuente el que se le descalifique y se utilice términos insultativos para referirse a ella por ser «una india guerrillera».
Yo creo que éste modo de reaccionar de un buen número de guatemaltecos es algo que, a nivel internacional sirve para descalificarnos y nuevamente colocarnos en los lugares más bajos de las listas. ¿Será esto algo para enorgullecernos?
El índice de emigración es, en un país, un buen indicador del desarrollo, y es así que son los países miserables de donde huyen, de la mayor parte de los que ingresan ilegalmente a otros países para luego ser, ahí, discriminados. Ahora solo nos toca evaluar el significado que tiene el que sean 20 mil los guatemaltecos que por ilegales han sido capturados este año en los Estados Unidos y que han sido devueltos a su casa.
Es muy fácil para los que hemos sido afortunados, el decir que los que se van de colados, y que, por lo tanto son mal recibidos deberán de tener un poco de más dignidad y no exponerse a ser capturados y echados de un lugar en donde les dicen «aquí no los queremos».
La respuesta de los espalda-mojados sigue siendo: «Es que, aquí en Guatemala no hay trabajo y los sueldos son de hambre» y nos lo demuestran enviándonos remesas de a millones de dólares.
Rigoberta Menchú les dio a sus paisanos indígenas un ejemplo de dignidad que ellos no han sabido apreciar. Es que, se hace muy difícil para un indígena que, de naturaleza es poco agresivo, luchar en contra de un medio que lo humilla, en un entorno que lo descalifica y que cuando emerge y descolla, le aplica epítetos insultativos. Una mujer indígena a quien, a pesar de ser poseedora de una de esas medallitas Nobel, se le trata de «india igualada». Algo que habla muy mal de nosotros.