«Respondiendo a las dinámicas señaladas en materia de demanda y precios internacionales, la caña en Guatemala pasó de ocupar el 3.4% de la superficie agrícola total en 1980, al 8.9% en el año 2000, y al 14% en el 2008, ocupando un total de 287,000 has ese año. Por su parte, la superficie cosechada con palma estuvo cerca de cuadruplicarse entre el año 2000 y el 2008, reportando la Comisión Económica para América Latina de las Naciones Unidas (CEPAL) un total de 58,800 has cosechadas ese año. De nuevo, esta gran superficie está en manos de un oligopolio palmero, incluso aún más concentrado que el cañero. Sólo cuatro familias y un grupo de capital riesgo estadounidense controlan toda la producción nacional. Y lo hacen asociados en la Gremial de Fabricantes de Alimentos -GREFAL- integrada en este caso en la Cámara de la Industria, parte también del hegemónico CACIF.»
(Alberto Alonso-Fradejas. Revista Territorios N° 5. 2010).
La semana anterior ofrecí referirme a dos mitos que se pregonan en el país como beneficios resultantes del modelo agrario del monocultivo, el primero afirma que éste reduce la pobreza y el segundo, que disminuye el desempleo en el agro. Alonso-Fradejas, investigador del IDEAR/CONGCOOP, desmitifica las afirmaciones anteriores al sostener: «Sin embargo, y al contrario de lo que se plantea desde el discurso hegemónico, la caña y la palma generan pobreza allá donde llegan: por ejemplo, en el valle del Polochic, la riqueza generada con la caña y la palma se va a retribuir a las elites nacionales e internacionales, mientras los sistemas de cultivo de la agricultura campesina generan hasta 10 veces más riqueza territorial que la palma y la caña, mientras estos monocultivos desestructuran los sistemas productivos alimentarios campesinos, familiares y comunitarios». *
Respecto al tema de la generación de mayores fuentes de trabajo, señala: «En todos los casos estudiados… la producción de caña y palma destruye más empleo del que genera. Nuevamente en el caso del Polochic, vemos que los monocultivos de caña y palma generan mucho menos empleo por manzana que los cultivos de la agricultura campesina, ya no sólo en el Polochic, sino también a nivel nacional». *
Estimaciones de la CONAP/CONGCOOP calculan que la superficie sembrada con palma en las tierras bajas del Norte de Guatemala a junio 2010, superan las 76,068.6 has, el total de superficie cosechada con palma en todo el país de 58,800 has calculado por la CEPAL para 2008. Ejemplo, el municipio de Sayaxché, pasó de tener 465 has sembradas de palma en 2000 a 28,554 has en 2010.
No cabe duda que el uso extendido del suelo y el control del territorio destinado al monocultivo de la caña de azúcar y palma africana, está afectando la economía campesina y la calidad del medio ambiente. Además la tendencia del uso de cultivos para transformarlos en agro combustibles, aumenta el riesgo de la seguridad alimentaria global. La extensión del monocultivo tiene efectos sociales, culturales, económicos y ecológicos contrarios al desarrollo humano, la equidad, la reducción del hambre y la pobreza.
El debate y reflexiones sobre el tema tratado, fue en el marco conmemorativo del XVIII aniversario de la Coordinación de ONG y Cooperativas CONGCOOP y IV del Instituto de Desarrollo Agrario y Rural IDEAR.
*Alonso-Fradejas, ALBERTO. «Capitalismo agrario y dominación a inicios del siglo XXI: Contexto y roles de actores clave en Guatemala.» En revista Territorios N° 5. Guatemala. (2010: 109. 104).